En la fiesta del Aïd el-Fitr, celebración que cierra el ramadán, los más jóvenes en Afgannistán reciben un aguinaldo. Imitando el mundo de los mayores, la gran mayoría de ellos compra kalashnikovs de plástico. Según apunta la revista XXI, las balas de corcho están haciendo estragos. Según admite el ministerio del interior afgano, «cientos de niños y adolescentes han sido heridos de diversa consideración» en los tres días del Aïd el-Fitr. Solución: las kalashnikov de plástico serán prohibidas. Los niños volverán a jugar con juguetes de niños. Pero la paradoja pervive en el páis afgano: las kalasnikov que más daño hacen van de mano en mano por todo el país.
