
Ahora caes en la cuenta: todo tiempo es tiempo (…), perdido
José Blanco
Es tiempo perdido, este,
ahora, aquí, de mañana,
lento, quieto, por ello lo toco,
lo palpo, le paso la palma,
como a un gato que se acurruca
en la mano y no dice nada
con su voz tumbada,
solamente mira, indiferente,
acogedor, este, el tiempo,
que es instante perdido – dicen -,
extraviado, ¿de qué?,
hasta el punto de creerles
que la vida es ese circuito,
un minutero en la mano,
que da vueltas hasta que alguien
baja la bandera,
y te dicen: has ganado,
y tú lo crees, no sabes
que has dado vueltas
circulares por todas las edades,
tan rápido, no dejas lugar
a la acumulación de sus capas,
estrato de los años,
plegados, solapados,
que levantan tu estatura.
Ahora, este momento, estoy
perdiendo el tiempo,
recuperándolo, quieto,
mirando cualquier aquí,
me espera, este tiempo,
sin ganas de llegar a parte alguna,
es más mío.
(Todo es cuestión de tiempo. Al principio fue un viaje, acompaño a mi padre en su DKW, amarilla. Vamos a Burgos. Lleva unos muebles a casa de mi tía Basi. Es sábado. Después de subirlos por una escalera de madera refregada y arrugada, fuimos a ver una película, me acuerdo: Arde París.
Yo tendría quince o dieciséis años. Fue el domingo, comiendo en su diminuto piso, cuando lo dijo, era así, mi tía Basi, no se mordía la lengua: Parece tonto, siempre está en las nubes.
Es cosa del tiempo que vuelve. Hoy, más de cincuenta años después, he conseguido no bajarme de las nubes, que no me lluevan obligaciones – las mínimas – , que las prisas sean tan ajenas como la velocidad a una tortuga. ¿Pereza, indolencia -dicen- , en el que me muevo? Me detengo, observo, y a menudo estoy en otra parte).