Se desploma una tarde gélida en atardecer. Las olas se remueven tímidamente sobre la tersa arena y el viento se consume en ácida tristeza. El día transcurre melancólico, silencioso. Sombras de lo que alguna vez se fue, residen en el ecosistema. Asi, desde este punto es cuando se vuelve difícil la adaptación a lo dañino.