El 16 de septiembre de 1973, cuando Santiago recién se acostumbraba al tronar de los fusiles y los camiones militares, unos pobladores encontraron varios cadáveres en el terreno baldío situado entre la línea férrea y el Cementerio Metropolitano. Los cuerpos habían sido arrojados allí durante la noche, unos sobre otros, entre la tierra seca y