Antes de aquella semana de enero de 1981, tres trabajadores habían muerto ya en la central nuclear de Lemoiz: Andrés Guerra, Alberto Negro y Ángel Baños. Antes de que aquella semana trajera todavía más sangre, los habitantes de Lemoiz y de sus brumosos alrededores vivían sumidos en una especie de pánico apocalíptico. Desde el mes