
El día se presenta largo en su inicio cuando todavía no es día y hay peligro de indigestión escuchando noticias mientras desayunas. Las hebras de la actualidad se meten por los ojos de aguja en forma de sonido que te llega, y acecha el cubículo de la cocina. Lo de Ceuta resalta todas estas mañanas cuando el café bulle dentro de la cafetera.
Quien lo oye se opone a consentir el repudio de la emigración que goza de tan buena aceptación y fortuna. Las oleadas migratorias son naturales desde que el Homo ergaster salió de la garganta de Olduvai en Tanzania hacia el Oriente Próximo y, posteriormente, hacia Europa.
Los cambios climáticos desde la prehistoria afectan y están en estrecha relación con nuestra evolución y los cambios culturales; que lo afirman Ethel Allué e Isabel Expósito, antropólogas y estudiosas del clima en su libro Los jardines del Edén. Para empezar se puede decir que es inhumano (no para el molusco que se encierra en su concha) poner límites a lo que no los admite. Podemos hacerlo, pero entonces seremos lamelibranquios.
Nosotros empezamos a migrar hace mucho, cuando ni siquiera sabíamos lo que era eso del tiempo, solo que eso de ahí arriba daba luz y luego no; y digo yo que está bien esculpir a mano un poco de memoria. Es como chupar un Bianacid para convertir a los que llegan en sustancias asimilables para el organismo.