Aromas almizclados se cuelan por la ventanilla abierta del coche. Las inmensas dunas, de una luz mineral, aparecen nada más salir del aeropuerto de San Salvador. A Alma Guillermoprieto, el paisaje violento la transporta veinte años atrás. Entonces El Salvador también se desangraba. El país ha cambiado de verdugo sin haber cambiado de herida. Entonces