En la quebrada Florida, camino de la cordillera, el sol primaveral acuna el rostro del dictador en su residencia de descanso del Cajón del Maipo. Escucha ensimismado la marcha Radetzky mientras lee tratados sobre las estrategias militares romanas para acabar con la subversión. A kilómetros de allí, Santiago parece marchitarse. Es 1986. Se acerca septiembre