Tres gemas de Albert Cossery han sido editadas recientemente por Pepitas de Calabaza: Mendigos y orgullosos, Una ambición en el desierto, y Conversaciones Con Albert Cossery. Son sin duda tres pilares de la sabiduría.
Los contrapersonajes de las novelas cosseryanas son míseros vecinos de estrato del hoy y ahora en cualquier populoso barrio de cualquier urbe, pero resueltos de una nobleza vital a prueba de cualquier sanción moral hipócrita. En Cossery hay cabos atados del Stevenson que aboga por la ociosidad como ausencia de productividad (En Defensa De Los ociosos, Gadir). Kenneth Rexroth en el prólogo a su Cita con los Clásicos, decía:
«Puede que la vida no dé pie a demasiado optimismo, pero desde luego es cómica (…) ahí reside la ironía suprema que distingue a la gran literatura: resulta todo de lo más banal».
Desde luego los personajes de Mendigos y orgullosos, por ejemplo, desbaratan y consolidan a la vez esta idea. Gohar no es un reformador ni un moralista, simplemente, toma a la gente tal como es. Y Yeghen reprocha a su madre, sumida en la miseria de llevar la miseria con burguesa resignación trágica: «no tiene nada de trágico, te lo aseguro ¿Dónde está el drama? solo tú crees que el mundo es serio; el mundo es alegre, madre«. Si el mundo es alegre resulta vano conceder seriedad a la sanción que hacen el poder y la moral dominante. Otorgarle importancia es reconocerla y resignarse a ellas de alguna manera, como reprocha Gohar a Al Kordi, el reformador revolucionario. Es la burla la que desgaja al poder, tira al rio de lo banal el canto rodado de su legitimidad. La alegría de vivir, como hacen los personajes cosserianos, hace el resto.
Las primeras páginas de Mendigos y orgullosos parecen situarnos en el momento después de una ideal revolución: no hay nada por lo que más merezca vivir que la misma vida en sus detallados momentos.
Albert Cossery, autor de célebre y sana pereza, pone a esta en el centro de sus novelas, que como él mismo admitía, son sólo una. Cossery es un corsario antiexclavista, y el exclavismo es toda la superchería doctrinal del esfuerzo obrero que hicieron las ideologías utopistas. Ahora que burgueses venidos a menos y obreros sin dueño se hayan en crisis y reniegan de convertirse en mendigos, Cossery viene a decir que es precisamente la mendicidad refinada el único modo real de vivir. Sus personajes demuestran que lo que importa es crear, tarea a la que cada cual se inclina: queda desmontado el dilentante «ser algo en la vida» que es una trasposición de «trabajar con la honradez del mayor beneficio». Cossery lanza desde el café de los espejos bombas incendarias. Por eso la trilogía editada por Pepitas es un bálsamo para estos días inciertos de demasiado ruido y poca calma.
