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Dos huevos y cuatropatas

Aurelio Gutierrez 23 junio, 2019     Comentarios cerrados    

-Hay que casarlo, cuanto antes. La soltería no es buena para él.

-Ni para el país, añadió ella. Le persiguen cientos de plebeyas,corriendo tras él cuando va por el centro de la Gran Vía, sin ningún rubor.

-Sí, dijo él. Un verdadero sex-symbol. Ni en mis mejores días me ha ocurrido algo así. Y mira que…

-No sigas.

Se hizo un largo silencio que no era nuevo. Al cabo ella lo rompió.

-Pero ¿estamos seguros de que es cabra? Porque podría ser cabro, y entonces el matrimonio se quiebra…

Él se quedó pensando. Había mirado al bicho a los ojos y le había recordado a su madre y a su abuela, simultáneamente. Pero si lo pensaba un poco también le recordaba a su padre y a su hermano. Menudo lío. Podía ser cabra, cabro o hermafrodita.

-Creo que esta es una misión adecuada para Aznarman, dijo al fin.

Dicho y hecho.

 

Aznarman podía haber volado desde su oculta morada en la Sierra hasta  Melilla  – todo el mundo sabe que tiene poderes –  pero decidió ir  en patera. Es bien sabido que por esas fechas los emigrantes gozan de sus vacaciones pagadas y vuelven a África como vinieron, pero  cargados de maletines llenos de billetes. Cuando desembarcó, Aznarman se miró a un espejo que nunca le abandona e hizo señales a un  helicóptero para que depositara su moto de gran cilindrada a sus pies, exactamente como ante un Dios.

Estaba tan cerca del cuartel que sólo pudo acelerar y frenar, pero ante el soldadito de la garita se comportó como el seductor internacional que es. Se quitó el casco, onduló su flequillo, y bajándose lo justo la cremallera de la cazadora dijo:

-Busco una cabra llamada Paqui….

Su mirada y sus ademanes eran irresistibles -ya he dicho que hasta puede volar- de modo que para protegerle le pusieron un Burka y le llevaron a los aposentos de Paqui, dejándolos a solas.

Hasta ahí todo bien. El problema fue cuando, antes de irse, para impresionar a los hoplitas decidió jugar con ellos, campechanamente, una partida de violeta  – ruleta rusa – y, previsor, consideró que lo mejor era entrenarse antes en el baño, delante de un  espejo.

Al éxito por la práctica. El día terminó sin que llegaran noticias del sexo de Paqui  – Paquita o Paquito – a sus padres espirituales, que la quieren tanto o más que a cualquiera de los de abajo, ya sean aborígenes, gusanos, cucarachas o antepasados.

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Autor:  Aurelio Gutierrez

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