
El film El agente secreto del director brasileño Kleber Mendonça Filho y guion suyo ahora en cines, juega hasta el abuso con insinuaciones. La destreza en los planos y la fotografía, pronto desvanece su narrativa. Al espectador se le ofrece una historia con aguaceros. En plena dictadura militar en Brasil, 1977, un hombre regresa al lugar donde sus suegros han criado a su hijo. La película abre su primer plano secuencia con un muerto desde hace días en la gasolinera donde el protagonista de regreso a su destino para a repostar gasolina. De ese protagonista que viene tras un tiempo a por su hijo pronto sabemos que tuvo una mujer, madre de ese niño ahora muerta.
En los primeros veinte minutos, Mendonça Filho tenía la oportunidad de a través de las sospechas creadas por los elementos narrativos – ¿viene de la clandestinidad el protagonista; ¿Ha sido asesinada por el régimen su mujer?; ¿Cuál es la situación vital del país?; ¿Viene solo a buscar al hijo el protagonista? – de dibujar o al menos evocar la poco conocida y cruenta dictadura militar brasileña y la historia de sus supervivientes cotidianos. Mendonça Filho hace un tiovivo con demasiados tergales sobrantes. La historia de su protagonista se presenta con letanía e inconsistencia.
Hay un empeño en retratar una sociedad con restos del esclavismo racial del siglo XIX que aún perdura en Brasil. Hay un intento por evidenciar el racismo incluso dentro del crimen de estado: los braceros de este son los mulatos luego sacrificables. Hay un empeño en resarcir a los perseguidos por el longevo y cruel régimen militar. Pero a pesar de que el guion quizá sea aquí donde mejor muestre sus intenciones, su eficacia es escasa. Recurre a la elipsis cuando no sabe terminar pues se engancha a una narración deliberadamente lineal.
El aura del director, que también es el guionista, no mermará entre los cinéfilos que le siguen. El agente secreto – incluso su título es equívoco – es un film con una elaborada fotografía y particular manera de composición. Pero la historia y la película fallan.