En el pasillo del metro, por la Plaza Unamuno del Casco Viejo bilbaíno, una exposición de fotos muestra a los «sin techo» e indigentes.
Nos encrespamos ante el hecho de que hemos visto cómo un empleado el metro juanto a un guardia de seguridad invitaban a salir a un pobre que pedía en esos mismos pasillos. Los que piden en los vagones tocando y cantando u ofreciendo paquetitos de pañuelos y mecheros, lo hacen ojo avizor cuando no hay vigilantes dentro.
La pobreza como arte ¡qué guay! Esta sí tiene cabida en las instalaciones del metro. La indigencia física, la que ocupa el lugar de los cuerpos reales, no. La representación de la pobreza, sí.
