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El sanchismo de Pedro Sánchez

Hervé Oui 7 agosto, 2019     Comentarios cerrados    

El presidente español Pedro Sánchez tiene un trabajo arduo cada día. No es el de dirigir la nación desde su apartado palacio de La Moncloa en Madrid. Si habría de rellenar una encuesta de trabajo, marcaría la casilla “sus funciones”. Porque Pedro Sánchez es un presidente en funciones desde que asumió la presidencia, relevando a otro presidente, Mariano Rajoy, que estuvo en funciones todos sus mandatos. Rajoy inventó el marianismo rajoniano, no estar, no ser, diluirse feente a la realidad más corrupta o adversa. Parece pues que existe un modo de gobierno basado en hacer que el tiempo se pare en el mismo lugar una y otra vez; una vez depejado el tiempo, el espacio es otra entelequia. Y la política es dejar las cosas como están.

Existen muy pocos discursos, artículos o breviarios intelectuales del presidente Sánchez. Apenas un libro ligero de anécdotas en sus primeros días en el palacio gubernamental y unos efímeros discursos en las cortes. Sin embargo, donde se cuelan las ideas diarias del presidente en funciones es en sus clarividentes mensajes por twitter. Aquí va toda una declaración de intenciones: “Adaptar nuestro Estado del Bienestar a las necesidades actuales, mejorar su capacidad redistributiva para que el crecimiento llegue a todos/as. Abordamos con organizaciones que combaten la #desigualdad el camino a seguir para afrontar juntos este reto de país”.  Este tweet del 6 de agosto es probablemente el parto intelectual hasta ahora más refinado y condensado de Sánchez. Probablemente, siendo como es un presidente adscrito al partido socialista, a partir de este tweet puede que se renueve el amplio dogma histórico socialista en España.

Los tantanes de la melodía moderna del sanchismo se dividen en notas blancas y notas negras. Las blancas, progreso, distribución, crecimiento. Las negras, producir, votar, esperar. En este nudo gordiano, el presidente en funciones, tiene sorprendentemente del mismo bando a todos los adversarios e ideologías opositoras. Ellas se hayan también en funciones desde hace décadas. El Sanchismo ha arraigado en este brumoso contexto también funcional. Su máxima es decir lo menos posible, y posibilitar solo lo que pueda decirse una y otra vez. Y el principio de acción es ponerse a esperar. Es la práctica de lo efímero llevado con suerte y esmero.

Así, de ese modo, van pasando por el palacio presidencial las peores lluvias, los más fuertes vientos y las canículas inclementes del verano. El tiempo lo hace pasar todo. España es un país que ha imitado a su presidente. Vive en funciones a pesar de rompérsele un poco cada día alguna de sus esquinas. Vive muchas crisis en diferentes días de la semana. La social, la de las urbes y la del campo, la territorial, la moral, la política y la del gran negocio. Pero el presidente sabe que cada semana es diferente a la anterior. Entrar en una semana es salir de las crisis de la semana anterior.

España está acostumbrada a la crisis. No desde la caída del boom del ladrillo en 2008, sino desde hace cuatro siglos. La nomenclatura, el estado religioso y la monarquía tuvieron ya entonces que lidiar en toda Europa contra la heterodoxia religiosa e intelectual. No se escatimaron recursos al desarrollo y la investigación. En el siglo XV nacieron en España las fake news, cuando circuló el bulo de la crucifixión de un niño cristiano a manos de judíos para proceder a la expulsión sumaria de todos ellos previa confiscación de sus bienes. El estado se formó en aquellos años y quedó apuntalado en la contrarreforma, donde hizo su aparición el ejército como garante de la fe y la unidad.

El presidente Sánchez tiene la ventaja de heredar todo ese saber ancestral para llevarlo a la negociación que tiene ahora con los líderes de la nueva izquierda y la nueva derecha. Necesitará a alguna de ellas para poder formar un gobierno que no dependa de una moción de censura en el congreso. Desde luego, está utilizando el aceite hirviendo, las llagas incandescentes y el santoral para doblar la cerviz de sus negociantes. Tiene la llaga del CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicos que a menú presidencial va adelantando y modelando la intención de voto. No se sabe si España mita las encuestas del CIS o el CIS los vaivenes de los españoles. El sanchismo, lo dice el CIS, tiene cada vez más votantes, más adeptos, más agradecidos.

Sánchez, sin embargo, ha cometido errores. El levantamiento de un partido al borde de la desaparición hasta catapultarlo a una inimaginable victoria electoral ha llenado de orgullo patricio a Sánchez. Pero su error más grave hasta el momento ha sido el de la sinceridad. En el congreso rechazó que Pablo Iglesias, líder supremo de Podemos, pudiera estar en un gobierno con el PSOE porque la gran patronal española no le ve con buenos ojos.

El desliz tomó forma de peineta. Sánchez mostró que sus decisiones estaban tuteladas por los poderes de siempre. Podemos aprovechó el lance para deducir que la desconfianza de los empresarios les convertía en un partido de alternativa. Ahí se fraguó un juego de máscaras entre la izquierda tradicional y la nueva. El PSOE hace apenas dos años estaba a punto de desaparecer. La nueva izquierda que representa Podemos ha necesitado apenas dos años para ir en contra del viento del que nació. Es hoy un partido pétreo, organicista, acristalado y mortalmente reacio a las alianzas heterodoxas y radicales que hace cuatro años le llevó a soñar con ser la primera fuerza representada en España.

La izquierda española abandonó las calles para verse en los salones. Y discutir de ministerios. En boca de todo el país está que el gran dinero quiere que España sea gobernada por Pedro Sánchez. Se lo dijo Pedro Sánchez a toda España en el congreso. No es un capricho del gran dinero. Es un brillante ejercicio de memoria histórica.

Volvamos al tweet del presidente el 9 de agosto: “Adaptar nuestro Estado del Bienestar a las necesidades actuales, mejorar su capacidad redistributiva para que el crecimiento llegue a todos/as. Abordamos con organizaciones que combaten la #desigualdad el camino a seguir para afrontar juntos este reto de país”.  Bienestar, necesidades, crecimiento, progreso, esfuerzo, país. ¿Habrá sido redactado en la oficina de propaganda de la Confederación de Empresarios Españoles?

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Autor:  Hervé Oui

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