Aquella noche, el espectro de los malos tiempos volió a hacer de las suyas y enlazó todas las hélices de los barcos del puerto. ¡Condenado fantasma! Ahora se viste de bufón y quiere hacer reir, se imagina a los cargueros y a los grandes petroleros en el amanecer queriendo salir por la bocana del puerto, tirando unos de otros en direcciones opuestas. Pero lo que oye cuand
o llega el día es a los portavoces de los partidos diciendo que les parece mal, que no tiene ninguna gracia.
Cuando saltó al agua se dejó alguna escama en el murallón. La policía local investiga. Sospecha del entorno de los pescados. Recela de los grupos homofóbicos. Todas las hipótesis están abiertas, y los municiplaes han s¡olicitado la ayuda de la Ertzaintza, para que por los cauces estipulados, según los protocolos firmados, la pida, a su vez, al FBI con el fin de aplicar tácticas y recursos antiterroristas post 11-S. Saben mucho los yankis de esto. Han llegado a considerar la escritura de eslóganes con tiza en una acera como terrorismo.
Aquella noche, yo no podía dormir. Vagaba por el Puerto Viejo con la adherencia de mis pesadillas abotonada a mi chamarra. Fue cuando lo ví. Llevaba algunos años, pegado al dique, pero esta vez lo distinguí con la particularidad de una huella. La marea le llegaba justo donde su cola de tritón se unía con los diafragmas bien marcados de un abdomen que alzaba su pecho velludo.
La foto seguía manteniendo sus colores, el salitre no había difuminado su forma, los ojos viriles del sireno parecían dos luces más de las muchas de la costa, unos ojos que siempre me miraban aunque yo cambiase de posición, como un llamamiento del que no podía pasar de largo. De la misma manera que un cormorán no lo es si no se zambulle, el sireno se convertiría en un fósil si segúia incrustado en la pared, pegado a un armazón de acero inoxidable. Esto es lo que pensé cuando la marea me dejaba verlo ya en toda su longitud.
Le propuse liberarlo si accedía a mis planes: estropear los planes de las autoridades que consideran improductivo todo espacio vacío, hasta acolmatarlo. Estuvo de acuerdo.
Todos los días los portavoces de los partidos multiplican sus acusaciones. Han pedido ayuda a la policía tecnológica, gracias a nuestra huella digital es posible reconstruir el comportamiento en aspectos cercanos al corazón.
Menos mal que el sireno y yo somos dos animales desconectados. Paseamos por la costa y conocemos la rima de las olas. Eso nos relaja mientras preparamos otros siniestros.