Era inútil quedarse allí quieto, soñando con lo que no se podía conseguir…
escribió Daniel Defoe en 1719.
Poco podía imaginarse el autor de Robinson Crusoe que la ruptura del orden cronológico iba servir para conformar un discurso y preparar una acción. Un discurso que relaciona dos fenómenos que, si uno es dado, el otro también lo es. Porque el examen de motivos podría tener su origen en la apropiación humana sobre la naturaleza, la misma que se precipitó hacia dos vertientes: la buena y la mala.
La acción ha sido un acontecimiento que ha legitimado una realidad: el escritor napolitano Erri De Luca ha sido absuelto tras llamar al sabotaje de las obras del tren de alta velocidad entre Turín y Lyon. No existe delito en las declaraciones que hizo en septiembre de 2013 al diario digital HffingtonPost. Pedía evitar por la fuerza que se perforaran unas montañas del valle de Susa, repletas de amianto, para construir un largo túnel.
Alejado del estatismo de algunas propuestas, cuando las mesas de negociación con el gobierno italiano habían fracasado, el valiente activista De Luca se enteró de que la policía había atacado un campamento de activistas contrarios al AVE, y se fue para allí.
Tras conocer la querella contra él, después de que la construcción fuera asaltada varias veces por activistas que querían preservar la zona, por parte de la empresa francesa LTF, constructora de la línea de alta velocidad, Erri De Luca escribió un panfleto político titulado La palabra contraria en el que explicaba las razones cívicas del sabotaje en legítima defensa del suelo.
