
La novela Inés trata de la crueldad y sus disfraces, entre ellos los estéticos. La novela Inés es una obra de desenmascaramiento. La novela Inés, en concreto su edición por la editorial Espinas, es el reclamo de una narradora tan portentosa como asediada entonces y olvidada hoy. Elena Garro fue para algunos entendidos la esposa del escritor tótem Octavio Paz. Solo eso. Una sombra detrás de la luz sobrecogedora del mito mexicano del boom latinoamericano. Esta novela revela otras cosas. De Elena Garro como gran escritora y de Octavio Paz como personaje con pies de barro moral. Conocemos a Javier, el trémulo señor de una gran mansión parisina. Sabemos de este personaje en la novela gracias a la que va a ser su doncella, Inés, una joven huérfana que ha salido de un convento en San Sebastián para servir, siempre servir, a petición de un primo suyo que también trabaja para el señor. A través de los ojos de Inés descubrimos…
Se sintió oprimida por el silencio que surgía de todos los rincones en forma de ruidos amenazadores. No era un silencio pacificador. Por el contrario, estaba lleno de peligros que le impedían controlar el sueño, continuar el rezo. La noche le pareció interminable y sus presagios la hicieron sudar frío, mientras su lecho ardía como un desierto de arena hirviente.
Los amigos del señor Javier, su señora, el guardián y los porteros, viviendo en el subsuelo de la existencia y la dignidad, constituyen las piezas de un terrorífico palacio-tablero de los horrores. Son esos señores partícipes de una bohemia divine, sórdidos y crueles. Poseedores del grial del más allá del bien y del mal, comulgados de la lascivia del Marqués de Sade en la que el torturador y su torturado son el mismo reflejo del placer. Inés va a descubrir hasta dónde. El lector se va a sorprender aún más que Inés. ¿Pueden ser los señores, liberados del beatismo del cristianismo de Inés, ejecutantes en las noches rituales de una iniquidad mayor?
Elena Garro convierte una esquina apenas rota, su vivencia con Octavio Paz y su entorno intelectual, en una ventana abierta en la que desfallecen hasta los marcos. Garro escribe sobre la superioridad moral y de clase, sobre la violencia que sostiene como cuerda de violín a estas dos y cuya nota constante es la maldad sin límite, sobre el odio y la envidia del narcisismo, sobre el mito.
Inés cumple una añadida labor metaliteraria. Si damos por bueno que el señor Javier fue en la realidad Octavio Paz, que la denostada y perseguida Paula es la propia Elena Garro y que Irene es la hija de esta, maltratada por Paz de forma brutal, la novela ofrece el perfil narcisista y sádico de uno de los mitos del boom latinoamericano. Surge la asociación a partir de esta conjetura: ¿no se asoma en cada autor afamado del boom un ego que muy bien pudiera ser el del propio señor Javier en la novela de Garro? Los oscuros personajes que rodean al señor Javier, ¿no son el necesario coro de sicofantes que rodea a todo mito literario? El libertinismo profesante de los engrandecidos autores ¿no es sino el reflejo cóncavo de un elitismo feroz? Y la última: el éxito y la gloria ¿no está sostenido por el olvido de otros u otras autoras a su sombra – recordemos a Zenobia Camprubí Aymar, la esposa de Juan Ramón Jiménez, o a Consuelo Saint-Exupéry, esposa de Antoine de Saint-Exupéry-?

Inés es un libro en el que caben todos los géneros, aunque el de terror se pondría a la cabeza. Un intencionado estilo parco exhibe una paleta también escueta donde lo grisáceo y oscuro inundan los colores externos e internos del relato. La recuperación que hace la editorial Espinas permite que descubramos no solo una novela impetuosa sino a una autora con mayúscula, sin diletantismo moral.
Inés. Elena Garro. 222 páginas. Editorial Espinas, 2025. 19,95 euros.



