Ni el gobierno japonés ni los ácidos suministradores nucleares franceses tienen el don de Moisés para separar las aguas en Fukushima. Aún menos Tepco (Tokyo Ekectric Power Company). El 22 de julio, como relata Le Canard Enchainé (1), la compañía admitió que se vierten 300 toneladas de agua radioactiva diarias. Esto hace que, desde aquel 11 de marzo de 2011 hayan sido filtradas al océano ya poco pacífico entre 20.000 y 40.000 barriles de tritio radioactivo. Tepco, aficionada a la música de Siniestro Total, ha pedido ante todo mucha calma. Promete crear una simple muralla del tamaño de la del imperio chino para contener la filtración. Jamás se ha llevado a cabo obra de ese tamaño. Y es más que dudosa su eficacia. Al gobierno japonés le urge combinar silencio sobre la situación y en vez de agua radioactiva filtrar buenas noticias radio-activas. En juego está reabrir con urgencia los 52 reactores que tiene en este momento cerrados.
Por si el armagedón en curso no fuera suficiente, el proovedor francés Areva ha enviado 10 toneladas de MOX, un sustituto aún más peligroso que el combustible a base de uranio y plutonio.
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(1) Fukushima: après le tsunami, le dèluge, Le Canard Enchainé , 13/08/13.
