La tarde era de pleno agosto, por el número del día en el calendario. La tarde era de entrada de otoño, por el cielo nublado y el viento fresco que tiraba las hojas de los tilos y plataneros al suelo alfombrado prematuramente. Secas, caían a la fosa común de la tierra asfaltada de las calles. Tenían ese color marrón sin sangre en las venas. Cuando las pisabas tenían estertores de crujido.
La tarde era tristona en el barrio donde se presentaba el libro. La tarde mostraba una soledad de escasos peatones. El barrio está a doce kilómetros de la ciudad. La capital estaba en fiestas y la longitud del día en el barrio se alargaba por el vaciado de sus calles. Allí era distinto. En la capital el metro cuadrado rompía las costuras de su medida.
En la plaza del barrio algunos marcan con sus cuerpos puntos en la superficie. Pocos trazan una trayectoria hacia el local donde se presenta el libro. El viento embiste con derrotes cortos y repetidos la capa de los árboles. Es extraño que presenten un libro hoy. Es raro en agosto. Las fiestas grandes en la ciudad angostan cualquier actividad más allá de ellas. En un momento, brevemente, las nubes abren sus páginas. He leído otro color. Azulado.
El libro Querida mía tiene el rasgo del género epistolar. Los escasos asistentes sentimos la emoción con que la autora lo explicó. Captamos la catarsis trágica al exponerlo con la evidencia de su postura existencial. Paqui Maqueda describe y actualiza historias pretéritas traídas al presente. Vivencias de mujeres que en su cotidianidad tienen la grandeza de la épica. Las suyas fueron acciones diarias de heroínas.

Seis mujeres se comunican entre sí, a través de cartas, la brutalidad de la represión después de la toma de Sevilla por las tropas fascistas; se entristecen y se crecen sorteando las dificultades que “se hacen eternas y no logramos ver la luz al final del camino”. Sus cartas tienen la sencillez en la exposición y en la angustia de la ansiedad del momento. El lapso de tiempo comprende los años de guerra y el sedimento de castigar a los vencidos y a sus familiares con violencia, actuaciones políticas o sociales, que la autora acota en el año de 1951; por cierto, el año en el que muere el general Queipo de Llano, jefe del ejército sublevado que subyugó Andalucía occidental.
En el principio de las 202 páginas que abrazan 52 cartas, la voz de una mujer asesinada y tirada a la fosa común abre y cierra con voz telúrica la pléyade de las misivas. Al término de la presentación, como pretendía la autora, vimos a estas mujeres andar agarradas del brazo por las calles semi desiertas del barrio, se dirigían a la Semana Grande de la ciudad con la alegría en sus caras.
No están olvidadas. Marcan con sus cuerpos puntos en la superficie. Cosen la distancia de sus vidas con las nuestras. Y todo gracias a Paqui Maqueda, escritora y presidenta de la asociación Nuestra Memoria, además de formar parte de la Asamblea de Familiares y Entidades de Memoria Histórica Plaza de la Gavidia.
Querida mía. Paqui Maqueda. Libros de la herida & la palabra itinerante, 2024. 208 páginas. 18 euros