
A Hilaria Clinton le ha cambiado el rostro y la pose de gobernanta que le caracteriza. Lejos de ser una torcedura de orgullo, se trata de un pase torero. Reconoce como error una nimiedad formal – haber usado para sus correos electrónicos un servidor privado nada más dejar el cargo – a cambio de que el público estadounidense no se fije en el contenido de esos correos y los anteriores cuando era secretaria de estado. Y es una pena que en Europa al menos no lamentamos gracias a las gotas que ha dejado soltar el londiniano The Guardian.
27 de junio de 2010. Hilaria despacha con su hombre de confianza no oficial Sidney Blumenthal varios correos sobre la debilidad del «draconiado gobierno» de James Cameron con el liberal Nick Clegg. Blumenthal muestra a Clinton que el Reino Unido no es el socio en Europa que EEUU necesita. Pero Blumenthal no tiene pelos en la lengua para el delicado niño de Eton que gobierna UK: un snob en toda regla. Snob llama a snob. Bluementhal compara a Cameron de la isla británica con Nick Clegg, lider de los liberales y primer ministro y destaca del último: «su arrogancia endogámica (de un entorno no menos privilegiado de Cameron, aunque parezca menos snob, porque fue a Westminster en lugar de Eton)». El snob de Eton sigue gobernando las islas británicas. Hilaria pretende gobernar la isla estadounidense.