Informe verídico sobre las últimas oportunidades de salvar el capitalismo en Italia.
Gianfranco Sanguinetti
Melusina 2016
¿Puede un partido comunista salvar el capitalismo? Esto, que es un oxímoron, no lo es menos, aunque más llamativo, que el líder verde de Baden-Wurtemberg sea el mejor conservador recibido por la industria y el sector del automóvil o que el BCE anuncie una nueva barra libre de liquidez, con lo que los bancos podrán acudir a la ventanilla de Frankfurt y llevarse el dinero cobrando un pequeño interés por ello: lo nunca visto.
Este es el oxímoron que plantea Sanguinetti en el panfleto que apareció en 1975 y donde se presentaba como obra de un gran patricio
romano que hacía un balance despiadado del capitalismo en Italia para evitar el peligro de una sublevación social. Recomendaba para ello una gran alianza del gran capital con el partido comunista.
La Internacional Situacionista, esa corriente que durante algún tiempo había podido derivar en un movimiento insurreccional y que languidecía en Francia, donde la débil unidad estudiantil y obrera fue incapaz de generar un frente unido y duradero de resistencia y combate, se organiza en Italia en 1969, apoya con intensidad y ardor las experiencias revolucionarias más extremas: las huelgas salvajes, organizadas al margen y contra los sindicatos y los partidos de izquierda; la radicalización del movimiento estudiantil; los motines que se extienden por las cárceles italianas. Sanguinetti era de la IS. Bajo su capa de defensor de los intereses burgueses inauguraba un modo de activismo mediático a la medida de la sociedad del espectáculo, donde el humor tiene un efecto corrosivo que descompone la solemnidad con la que suele revestirse el poder. Los situacionistas no creían en esa concepción clásica que defendía que toda situación radical se haya condenada al fracaso.
Para este falso patricio burgués que dice las verdades de su clase impostada, el peligro es que los trabajadores lleguen a hablar de su condición y de sus aspiraciones sin intermediarios. Todos los demás peligros les son anexos. “Ya que es sabido que los partidos comunistas han ofrecido pruebas en varias ocasiones para colaborar en la gestión de una sociedad burguesa, quizá salvar el capitalismo es para cualquier PC una buena opción, siempre que tengan claro que sea bajo la única forma que conviene a la clase trabajadora, en detrimento del otro capitalismo financializado. Dado que el capitalismo es la forma efectivamente superior del desarrollo económico”
En otro apartado enumera cinco batallas decisivas que el capitalismo debe librar para expandirse: el progreso de la mentira en política; organismos de vigilancia cada vez más refinados; el perfeccionamiento del aislamiento y la separación de las personas; crecimiento del poder de la economía; y desarrollar todos los casos bajo un capitalismo democrático”. Todo para evitar perspectivas de victoria de la insurrección, como los que se vieron en Francia en 1968 y en Italia en 1969, donde se denunciaban ante todo el aburrimiento y la rutina de la supervivencia cotidiana en las sociedades industriales, la fealdad que se adueñó del rostro de nuestras ciudades abandonadas a los especuladores de todo pelaje, la polución del aire, de los alimentos. Movimientos insurreccionales que experimentaron formas de democracia directa. En contra de lo que se decía en aquellos momentos, la aplastante mayoría del movimiento en cuestión no estaba compuesta por estudiantes, sino por obreros y otro tipo de asalariados. “¿Quiénes han reprimido con mayor eficacia en países como Francia y Checoslovaquia donde había destacado la insurrección? ¿Quiénes favorecieron o impusieron el retorno a la normalidad en las fábricas o en las calles? ¡Fueron los comunistas! En París, gracias a los sindicatos, y en Praga gracias al ejército rojo. En Italia, a mediados de 1969 y después de las revueltas como las de Battiplaglia, se llegó a preguntar explícitamente al PCI cuáles serían sus exigencias en contrapartida”.
Entonces estallan las bombas en las plazas Fontana de Milán y de Roma.

Los obreros desorientados y estremecidos ante tantas víctimas inocentes detienen las luchas tan extensas y prolongadas. Este panfleto anónimo Informe Verídico sobre… revela que el atentado había sido obra de los servicios secretos italianos. Las ciencias políticas saben de sobra que no se puede gobernar un estado sin secretos, sin engaños y sin mentiras.
Han pasado muchos años y muchas crisis de por medio. Mas tiene tanta vigencia lo que dice este falso burgués que conviene repetirlo por el bien de los verdaderos burgueses, o como quieran que se llamen los detentadores del poder: fondos de alto riesgo, fondos buitres, fondos soberanos, seguros, etc., que han colonizado las mentes con sus valores: “es preciso que nos preocupemos por mantener a la gente en el mejor nivel de vida posible”. También lo decía a la altura de 1969 un industrial como Henry Ford: “los términos del contrato entre la industria y al sociedad están cambiando (…) se nos exige contribuir a la calidad de vida más que a la cantidad de bienes”.
A lo largo de su historia el capitalismo ha modificado continuamente la composición de las clases a medida que transformaba la sociedad. Ha debilitado o recompuesto, suprimido o incluso creado clases que desempeñan una función subalterna pero necesaria para la producción, la distribución y el consumo. El conflicto es esencialmente el mismo que en siglos pasados. Pero las circunstancias, el argumento, el espíritu de los principales protagonistas ha cambiado con el tiempo.
Gianfranco Sanguinetti escribió bajo el pseudónimo de El Censor este Informe Verídico para salvar el Capitalismo con el fin de que “el monopolio de los discursos – más o menos críticos- sobre la sociedad actual dejen de pertenecer a quienes se oponen a ella, requisito para perpetuar nuestra (su voz es fingida) hegemonía sobre esta sociedad”. El panfleto fue enviado a los ministros, parlamentarios, a los industriales y sindicalistas así como a los periodistas de Italia. El Informe suscitó un gran interés y una vasta discusión.