Una semana antes de que el parlamento de Israel aprobara la ley étnica del «Estado-nación del pueblo judío», el presidente Netanyahu llevaba a cabo otra iniciativa igual de audaz. Podría ser una Misión imposible en su versión kosher politik: Netanyahu recibió con pompa y alegría al primer ministro húngaro, Víctor Orban. Orban se ha convertido en el ogro anti inmigración en Europa. Sus ataques antisemitas contra el magnate de origen judío George Soros han corrido por los oídos de las cuatro esquinas europeas y llegado hasta los despachos de la Unión Europea que denunció el exceso del premier húngaro. Netanyahu se felicitaba por la «base común» que lo acerca a Orban. Israel ¿busca ser la estrella gamada de Oriente?
