Cartas de una cazadora no es un libro. Es la voz viva de las mujeres que cimentaron con su práctica solidaria los contravalores fallidos de la nación norteamericana. Tuvieron la oportunidad de fecundar un El Dorado fraterno y próspero, que, sin embargo nunca llegó a ser. Desde Elinore Pruitt, pasando por Helen Hunt Jackson, Abigail Scott Duniway, hasta llegar a la crepuscular Mary Hunter Austin, este libro es el testimonio de una comunidad que uniéndose hace libertad. Sus relatos, rescatados por la editorial Hoja de Lata, tienen la virtud de hacernos ver una contrahistoria norteamericana que evidencia la falsedad de la oficial. Frente a la violencia que conlleva la mirada mercantil de las cosas y hasta las personas, estas mujeres pioneras contraponen y viven ejercitando el valor de las personas y el apoyo mutuo entre ellas. ¿Sabemos hoy vivir siquiera de esta forma? Su mirada llega a un horizonte moral abrupto: alcanza a las tribus indígenas que ya moraban las tierras donde ellas habitaban entonces. Es revelador el testimonio de Helen Hunt Jackson al describir el engaño y la traición al que se vieron sometidos los pueblos indios tras creer en vano en la palabra de un gobierno blanco que violaría los valores de estos y los de todas las mujeres y hombres que pululan por las páginas de este libro. Es el negro oscurecer de la posibilidad americana.
El relato coral de Elinore, Helen, Abigail, Mary Hunter y otras es el pasto del que se alimentaron – me aventuro – los que la oficialidad alternativa considera representantes de la subcultura que vendría después: Kenneth Rexroth, William Carlos Williams y el largo etcétera consabido. No fue la ley, sino la tierra: si los hombres hubieran comprendido como ellas lo hicieron… Como nosotros necesitamos comprender. Sobre la tierra que áun moramos.
El dilema va mucho más allá: ¿ Sabríamos vivir como ellas vivían? Responded indagando página a página.
Un personaje reconoce:
«Ustedes son como esta tierra suya: se han hecho amigas mías, de una extraña, y nunca me pidieron explicaciones»
Por qué Cartas de una cazadora es la revelación subversiva de este esencial año de 2014. Porque habla de un nosotros global y a la vez particular, de cómo comenzar a crear nación a partir de las propias personas. A pesar de los pesares, este es un candil que nos guía siguiendo las huellas en las nieves vivenciales de otros tiempos y lugares, que son el mismo lugar y tiempo que el nuestro. No es extraño que a la gran Mary Hunter Austin se le haya otorgado el honor de un monte en la sierra californiana. Quid Pro Quo.
Cartas de una cazadora es la continuación de Cartas de una pionera también publicado por Hoja de Lata. De esquisita traducción, ofrece un camino con el que seguir a todas estas mujeres. Si su prosa se adapta al entorno salvaje en el que sus vidas discurren, sus valores tienen la misma fuerza vital de las corrientes de los rios procedentes de las sinuosas montañas. Hay un mundo entre todos y nuestro entorno por llevar a cabo. Ellas ya lo hicieron simplemente para vivir. A todos nosotros, que nos falta vida, nos apremia explorar un camino para convertirnos en pioneros, como Elinor Pruitt y todas sus contemporáneas.



