
Aromas almizclados se cuelan por la ventanilla abierta del coche. Las inmensas dunas, de una luz mineral, aparecen nada más salir del aeropuerto de San Salvador. A Alma Guillermoprieto, el paisaje violento la transporta veinte años atrás. Entonces El Salvador también se desangraba. El país ha cambiado de verdugo sin haber cambiado de herida.
Entonces la ejercían el ejército, los escuadrones, la maquinaria ideológica de la Guerra Fría, los hombres con botas y doctrina. Ahora la derraman los jóvenes salvadoreños que regresaron de Los Ángeles con tatuajes, rabia, deportación, siglas y una patria hecha pedazos.
Ahí empieza la crónica que Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) dedica a El Salvador en Esta improbable tierra prometida, su último libro de crónicas publicado por Debate.
Guillermoprieto nos traslada a Nicaragua, México, El Salvador, Honduras, Venezuela, Colombia, Cuba. Más que países, comprendemos que son estaciones de una misma intemperie.
Sus crónicas ejercen como alas de colibrí. A cada lugar donde accede es como si estuviera en un poblado después de una masacre. Las cosas comienzan a hablar por sí solas: una silla, un crucifijo, un cuerpo acechado por los zopilotes.
En las crónicas de Guillermoprieto, América Latina transita del ideal revolucionario de finales de los setenta a la realidad contradictoria de su presente: bella, cruel, bailarina, endeudada, luminosa, corrupta, mística, hambrienta, ferozmente viva. Una tierra prometida, sí, pero improbable. Engatusada por caudillos, guerrilleros, tecnócratas, obispos, narcos, poetas y presidentes con sonrisa de anuncio pero puños de verdugo. Prometida siempre. Entregada nunca.
América Latina es perfectamente comprensible si escuchamos sus capas: conquista, hacienda, cuartel, revolución, deuda, televisión, frontera, migración, deportación, pandilla, Estado fallido, Estado cruel, Estado ausente, Estado espectáculo.
En ese inventario de ruinas, Guillermoprieto encuentra belleza. En una bailarina, en una voz, en una procesión, en una frase exacta, en el modo en que alguien prepara café mientras afuera el mundo se descompone. Belleza como prueba de que el horror no consigue vencer del todo a la vida.
Es esto especialmente importante en la crónica dedicada a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en el estado mexicano de Guerrero. Guillermoprieto desgrana la búsqueda de las familias frente a un crimen de Estado en el que están implicados, alcaldes, procuradores, policías, militares, el narco y un presidente, López Obrador, partícipe del silencio establecido ante la masacre.
Otros traslados nos llevan a la colombiana ciudad de Cali y a las revueltas sociales, o a la Nicaragua de Daniel Ortega y Rosario Murillo, émulos centroamericanos de Ramsés II y Nefertari. Y casi en tiempo real, la crónica interna sobre la invasión de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro por parte de las tropas de Donald Trump.
Los lugares permiten abrir otras voces. Los pandilleros en una cárcel, testimonios de Veracruz, o la tribu yanomami en el Brasil, o las voces que denunciaron al padre Maciel.

Esta improbable tierra prometida será el último libro de crónicas de Alma Guillermoprieto. Tiene 77 años. Es un caleidoscopio del continente imprescindible para oír respirar su latido y su dolor, pero también su pertinaz apego a la vida. Para comprender cómo la historia es más una losa que transformada en máscara esconde violencia. Así que la revolución pendiente es que triunfe la vida en medio de tantas formas de barbarie.
Esta improbable tierra prometida. Alma Guillermoprieto. Debate, 2026. 271 páginas. 21 euros.