
Antes de aquella semana de enero de 1981, tres trabajadores habían muerto ya en la central nuclear de Lemoiz: Andrés Guerra, Alberto Negro y Ángel Baños.
Antes de que aquella semana trajera todavía más sangre, los habitantes de Lemoiz y de sus brumosos alrededores vivían sumidos en una especie de pánico apocalíptico.
Desde el mes de diciembre circulaba, en un aire enrarecido por el miedo, el rumor de que el uranio enriquecido estaba en camino. Pero no era uranio lo que iba a llegar, sino plomo.
ETA, responsable de la muerte de aquellos tres trabajadores, se disponía a poner sobre la mesa nuevas cartas ensangrentadas. Aquella semana secuestró al ingeniero jefe de la central, José María Ryan. A cambio de su vida, impuso una exigencia desmesurada: la demolición de la central nuclear en el plazo de siete días.
Dentro de esta historia se abre otra.
Comienza la misma noche en que se conoce el secuestro de José María Ryan.
En un aula de la parroquia de El Redentor, en Getxo, María Ruiz Coto, Cori para los parroquianos, imparte la clase semanal de catequesis. Afuera ha caído ya la tarde, oscura y fría. Dentro, su voz sostiene una calidez contenida.
Los niños tienen diez años. Cuatro meses más tarde harán la primera comunión. Ninguno de ellos sabe todavía lo que ocurrirá unas horas después. Tardarán años en comprenderlo.
María Ruiz Coto poseía el don del presentimiento. Su corazón tenía el peso leve y sombrío de las nubes. Por eso, cuando conoció la noticia del secuestro de Ryan, una angustia marchita se apoderó de ella.
Su marido, Javier Herrero, era también ingeniero de la central nuclear de Lemoiz. María Ruiz Coto murió aquella noche de un ataque al corazón.
El 6 de febrero de 1981, el cuerpo sin vida de José María Ryan fue encontrado en los alrededores de Galdakao. Uno de sus hijos cumpliría siete años al día siguiente.
Toda esta historia, con sus capas de miedo, movilización y violencia, es la que reconstruyen Florentino Flórez y Guillermo Sanna en el cómic Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear, publicado por Norma Editorial. Entre los muchos aciertos de la obra está el de incorporar al relato a María Ruiz Coto, una víctima hasta ahora olvidada.
El hilo conductor del cómic es el ingeniero Ángel Pascual, segundo de Ryan, que también sería asesinado por ETA un año después. Los distintos actores del conflicto están bien representados y su colisión, bien relatada: desde los grupos antinucleares hasta los simpatizantes y miembros de ETA; desde los trabajadores, atrapados entre las dudas sobre la salubridad de la central y la necesidad de conservar su empleo, hasta los activistas que sufrieron la intempestiva represión policial de la posdictadura.
Quizá se echen en falta algunas figuras relevantes, como los periodistas que participaron en el cuestionamiento de la central. Entre ellos estuvo José María Portell, asesinado también por ETA el 28 de junio de 1978.
La polarización y la violencia fueron cercando al movimiento antinuclear hasta desplazarlo del centro de la lucha. El cómic de Florentino Flórez y Guillermo Sanna consigue perfilar con claridad ese proceso: muestra cómo una movilización social amplia, atravesada por razones ambientales, laborales y políticas, terminó ensombrecida por la estrategia de ETA, la respuesta represiva del Estado y el continuismo desarrollista del recién estrenado Gobierno Vasco que veía la independencia, con mayúsculas, energética al alcance de sus propósitos.

La central no llegó a entrar en funcionamiento. Pero sería una simplificación atribuir su paralización exclusivamente a la violencia o únicamente al rechazo social. Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear tiene el mérito de internarse en esa zona incómoda de la historia, donde las causas se superponen y las víctimas corren el riesgo de quedar sepultadas bajo los relatos interesados.
Al rescatar nombres como el de María Ruiz Coto, el cómic recuerda que alrededor de Lemoiz no solo se libró una batalla política y de desarrollo: se destruyeron vidas. Y ninguna explicación de lo ocurrido puede ser completa si se vuelve a olvidarlas.
Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear. Florentino Flórez y Guillermo Sanna. Norma, 2026. 120 páginas. 24,95 euros.