Tras seis años de silencio, Las Naciones Unidas han terminado por reconocer su implicación en la terrible expansión del cólera en Haití en 2010. Tras un seismo que devastó el país, la ONU envió cascos azules. A los diez meses, la irrupción del colerá diezmó la población haitiana. Ya entonces quedó localizado el foco de infección: una zona rural a escasos 100 kilómetros de Puerto Príncipe. El bacilo tenía su origen en un batallón de cascos azules provenientes de Nepal. Situado en las proximidades de una ribera, el bacilo se expandió facilmente por sus aguas. A pesar de los informes internos, la ONU negó responsabilidad alguna. Casi después de 9.000 muertos por la epidemia – la primera en 150 años en el país-, y 800.000 afectados, la agencia internacional reconoce que «podría haber hecho más», además de «una implicación mayor» en el futuro. Las indemnizaciones a las víctimas podrían ascender a 40.000 millones de dólares.
