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Los negocios del cambio climático

Txefe Martinez Aristín 26 noviembre, 2016     No Comment    

Ayer disfruté del cambio climático. Era 21 de noviembre y el indicador de la farmacia marcaba 18 grados. Los árboles de hoja caduca se confundían con los perennes y su espectro – tonalidades de verde salpicado por hojas amarillentas – era mecido por una leve brisa que columpiaba las zonas ajardinadas y las extensas proyecciones y avenidas del gran Bilbao. Se podría decir que los árboles desobedecían la estación, eran pocas las hojas caídas a pesar de la fecha tan avanzada del otoño.

En Marrakech ha terminado la cumbre sobre el cambio climático. El periódico más vendido de Bilbao dedica menos de un cuarto de página a la noticia. En otro periódico leo que desde Sevilla partió una marcha ciclista hasta Marrakech. Iberdrola estaba detrás de esta iniciativa. El año pasado, la compañía eléctrica organizó otra marcha ciclista hasta la cumbre de París. Hoy me ha llegado la factura de la electricidad. Como siempre con una hoja anexa donde se informa del mix eléctrico de consumo. Observo que el carbón supone el 26,1%, solo superado por la energía nuclear, las renovables quedan en cuarto lugar detrás del gas, con un 14%. Se ve que para Iberdrola asumir una cultura de la corresponsabilidad no pasa por abandonar uno de los fósiles más contaminantes.

El consenso en torno a la gravedad del cambio climático no se refleja en el rostro de los transeúntes que están a otra cosa, regurgitando otros problemas o tirando migas las palomas. Mientras, la operatividad de las instituciones internacionales se limita a la construcción de discursos para “disimular la impotencia histórica que estamos viviendo”. Porque frente al cambio de clima que está sucediendo y que se agrava, se están desarrollando dos estrategias: una de adaptación; y otra de mitigación. En esta última las instituciones están sobredimensionando la importancia del consumo responsable, ya que solo consumimos el 10% de la energía y los-negocios-del-cambio-climaticoproducimos el 10% de los residuos. Y como todo tiene una intencionalidad, se nos oculta que la adaptación – construcciones de diques, compuertas,  rompeolas, presas, plantas desalinizadores, canales, etc. – mueve mucho  más dinero que la mitigación. Son muchos los grandes empresarios que ven negocio en el cambio climático. Esto explica la aparición de empresas como Global  Adaptation Institute que asesoran a empresas y gobiernos sobre cómo adaptarse y aprovechar el cambio climático, y a cuyo consejo asesor se incorporó Aznar tras salir del gobierno. Los “mercaderes del clima” estiman que harán falta unos 9 billones de dólares para la adaptación climática hasta 2060. Un gran negocio.

En los estanques del parque de Doña Casilda, algunas madres amenizan con sus encantos naturales la curiosidad de sus hijos. Pasamos agradablemente el tiempo. Las ocas y los patos, los cisnes y las palomas aplauden con sus alas el reverbero del sol.

El consenso en torno a la gravedad del cambio climático forma parte de lo políticamente correcto, refleja lo intocable del orden capitalista vigente. Aquello del cambio de modelo productivo, que se oía al inicio de la crisis queda como un ápodo carente de realidad. Los anfibios y reptiles que hicieron explotar la última forma de desarrollo capitalista siguen campando a sus anchas. La crisis económica se construyó  en contexto de sobreproducción en el ámbito de la economía real, agravada por las escaladas de las burbujas especulativas. Lo que aumentó la presión sobre los grandes capitalistas y sus empresas transnacionales a la hora de incrementar beneficios. Estos, a su vez, trasladaron esta presión a sus estados y a los gobiernosde turno para que les facilitasen el acceso y control a nuevos mercados, enclaves geoestratégicos y zonas extractivas de materias primas. Conviene no olvidarlo. Recordarlo cuantas veces sea necesario, en tiempos donde conservadores y liberales repiten el mantra de la táctica estalinista: cuanto mayor es la mentira, más potente es su efecto.

La calma de la tarde, el aire un poco más quieto. La ausencia de intranquilidad choca con lecturas inquietantes. Los Negocios del Cambio Climático, editado por la editorial Virus, es un pequeño libro que cabe en el bolsillo del abrigo innecesario. Agita acusatorios. Delata a quien convierte los problemas ambientales en negocios que, a su vez, provocan nuevos impactos socio ambientales. Pregunta si desarrollo es equiparable a crecimiento. Afirma que los sistemas de adaptación al cambio climático se están diseñando para generar nuevos ciclos de endeudamiento de los países del sur global

Me levanto del banco. Más cargado de información. Acumulo preocupaciones. Cargos contra alguien. Cuando un rio acumula arena en su desembocadura se abre en infinidad de meandros. Pienso en un símil: numerosos brazos que contribuyen al mismo efecto para crear un modelo antagonista contra la especulación de materias primas, derivados bursátiles del clima, o las acciones del agua que cada vez mueven más dinero en los mercados bolsistas que ya están impulsándolos como productos financieros.  Y es que confiar en el mecanismo de mercado tiene malas consecuencias. Pero esto da para otra sentada. En otro banco, con otro libro.

 

 

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Autor:  Txefe Martinez Aristín

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