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May Sarton: envejecer es quedarse a solas con lo esencial

Aurora Arredondo 31 marzo, 2026     Comentarios cerrados    

Hay libros y autores que no se leen por lo que cuentan, sino por cómo miran. Diario a los setenta de May Sarton es uno de ellos.

May Sarton no narra grandes acontecimientos. Escribe desde una casa en la alejada costa de Maine sobre su rutina, a una edad, los setenta años, en la que todo debiera estar ya dicho.

Pero no lo está.

El tema interno del libro no es la vejez. Es la toma de conciencia. A los setenta años, Sarton no busca reinventarse. Busca sostenerse.

En sus días aparecen cosas pequeñas: el jardín, la escritura, la soledad, las visitas, el cansancio. Nada parece haber de extraordinario. Y, sin embargo, todo pesa.

Lo que está en juego no es lo que ocurre, sino cómo se vive lo que ocurre.

La lectura de diarios como este puede parecer casi reconfortante. Una mujer mayor que escribe, reflexiona, acepta el paso del tiempo. Pero esa lectura es insuficiente.

Sarton no está tranquila. Está atenta. Y esa atención incomoda.

No hay romanticismo en la soledad de Sarton. Sino la condición necesaria y muchas veces muy difícil de conseguir.

Escribir requiere soledad. Pero estar sola no siempre es fácil. Esa tensión atraviesa todo el libro.

También está el cuerpo. No como tragedia ni lamento, pero tampoco como algo que se ignora.

El cansancio, la enfermedad, los límites: Sarton narra sin dramatismo, pero sin ocultarlo. Y eso evita algo muy común en los relatos sobre la vejez: la idealización.

Sarton huye de moralizar o proponer un modo de envejecer. Lo que hace es más simple y exigente: registrar a diario pensamiento tras pensamiento.

Eso convierte a este libro en algo a contracorriente. En una cultura obsesionada con lo novedoso, con la velocidad y lo efímero, Sarton escribe desde lo que permanece continuamente.

Por eso es un libro que merece relecturas. Ahí reside su logro más subversivo. Con una elegante traducción de Blanca Gago Domínguez, y publicado por Gallo Nero, Diario a los setenta no es un libro de consumo. Es un libro de compañía. Obliga a pausar el ritmo de lectura. A mirar atentamente aquello que cotidianamente se pasa por alto.

Envejecer, en este libro, no es desaparecer. Es quedarse. Y ver qué queda cuando casi todo lo demás ha perdido urgencia.

Diario a los setenta. May Sarton. Gallo Nero, 2026. Traducción de Blanca Gago. 350 páginas. 21 euros.

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Autor:  Aurora Arredondo

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