Valga como introducción la metodología errónea de poner primero la conclusión antes que el desarrollo que nos ha llevado a ella. Con la lectura de este libro aprendemos, con firman los más adelantados, la rotunda creencia en la realidad de las ficciones, y la no menos firme en la creencia en la ficción de lo real. Este libro saca a colación los cuentos que funcionan como puras verdades. Los cuentos se forman con metáforas. Engaños y artificios que olvidan que lo son y aparecen como realidad incuestionable. Al leer “metáforas que nos piensan” se zarandean nuestras creencias y vemos en la construcción del lenguaje ardides para dar consistencia a
la cosa nombrada, aunque esta sea una poderosa ficción: “Democracia”, por ejemplo.
Abrir una sonda. Lanzar un libro a la cabeza de algunos ínclitos y pensadores ilustrados – Vargas llosa – que Emmanuel Lizcano desarma — me encanta que se hundan prestigios – cuando reflexiona sobre el levantamiento en el Nordeste brasilero a finales del siglo XIX. Rebelíon que se conoció como “revuelta de los quiebraquilos” porque se oponían al sistema métrico decimal. Asaltaron comercios y cuantas balanzas encontraban en su interior, pues – para ellos – atentaban contra sus modos tradicionales de pesar, medir y contar.
El ejército nacional acalló la revuelta a sangre y fuego e impuso el sistema métrico que la burguesía francesa había declarado universal. Vargas Llosa ha juzgado recientemente aquella revuelta indígena como un “rechazo de lo real y lo posible en nombre de lo imaginario y la quimera”. Con todo, Lizcano no emprende ningún alegato contra la ciencia. Al fin y al cabo es la gran contribución de occidente a la historia de los discursos creadores de realidad. Cada cultura ha contribuido con sus particulares metodologías, ritos y cosmovisiones. Su crítica se dirige a esa voluntad de aniquilamiento de cualesquiera otros conjuntos de creencias, prácticas y saberes. Y lo ha hecho una sociedad, la nuestra, que es heredera de la Ilustración, donde la razón eleva y dirige la mente como liberada y purificada de otras formas de inteligencia. Pronto el oficio (el ofidio?) del poder se adueñó de ella, naturalizando la evidencia de un progreso lineal que bajo un régimen de producción capitalista de mercancías se ha revelado catastrófica especialmente para las otras tribus y pueblos de la tierra.
Lizcano es licenciado en matemáticos, doctor en filosofía y profesor de sociología del conocimiento. Pensamiento de peso el suyo que mide la profundidad de nuestras creencias actuales, explora los fondos y barrena las actuales formas de dominio, apuntando hacia nuevos ámbitos de comunidad y autonomía.
Lo hace a través de un estudio del lenguaje, el mismo que da a las cosas y situaciones una consistencia robusta que en ningún modo están en las cosas mismas. En el plano personal creemos estar expresándonos libremente cuando estamos diciendo lo que la estructura de nuestro lenguaje y la multitud de metáforas que la habitan nos obligan a decir. Basta con alterar y subvertir las metáforas imperantes para que empiecen a esbozarse otras cosas y situaciones posibles aunque antes inimaginables. No otra cosa hicieron aquellos burgueses ilustrados con metáforas tan disparatadas como “la voluntad de la mayoría”. Bastó con que la que entonces era una ínfima minoría en Europa nos concibiera y las extendiera a golpe de cañón, de escuela evangelizadora en el progreso científico y moral, y , más recientemente, a golpe de ayuda al desarrollo y de imágenes televisivas, para que hoya haya adquirido en casi todo el planeta la maciza firmeza de los hechos.
Esto nos deja hecha la idea de que todo dominio se consigue siempre en el campo de batalla del imaginario. Así es, cuando el actual gobierno de España nos dice que no hay alternativas a su política económica, lo que pretende es colonizar el imaginario del otro imponiéndole el mundo de uno como el único posible. Buena parte del fracaso de numerosos movimientos sociales se cifra en que sus reivindicaciones se alimentan del imaginario de aquellos de quienes se pretendían emancipar.
El saber de Lizcano hace que sea interesante por incisivo todo lo que nos cuenta sobre las estrategias de comunicación y sobre el mecanismo que decide la etiqueta de todas las secciones del periódico y el telediario. Un conocimiento que se extiende hasta la antropología poniendo numerosas referencias de otras tribus y grupos que ilustran que cada comunidad se amoldaba a lo que necesitaba porque “no se carece de lo que no se necesita”, de aquí emana su tesis de que la imposición del más fuerte vendrá de la mano de los colonizadores con vocación de hacer sociedad donde había comunidad, además de sustituir a las oligarquías autóctonas ya instaladas. Cristianismo, libre empresa, marxismo, campañas de alfabetización serán cuatro vías de penetración extrañas con idéntico afán redentor y un mismo soporte material: el libro, ya se trate del libro sagrado, el libro de cuentas, el manualito de materialismo histórico o la cartilla escolar. Estamos ante una misma vocación de dominio.
En otros capítulos el autor profesa un estudio sobre la antropología del lenguaje, donde la semántica y la etimología consideran que los primeros sonidos articulados salen de la garganta humana como indicaciones de peligro y placer o su contrario el dolor; para que luego, con el perfeccionamiento y complejidad del lenguaje sean las palabras las que nos piensen a nosotros.
Hay más, hay “ciencia y tecno burocracia” y hay una afirmación: “las aptitudes técnicas no pueden ser independientes de los fines a los que debieran servir”. Lo que viene bien para descalificar a quienes dicen que la investigación militar es bueno porque luego, con el paso del tiempo tendrá aplicaciones civiles. Este libro denso y extenso, no por volumen, 274 páginas, sino por su cometido al ofrecer un conocimiento nada convencional, llega hasta las Matemáticas y su presunta neutralidad-objetividad. Este doctor en filosofía dice que Ortega y Szabo han demostrado que la pureza, neutralidad y objetividad de la matemática aristotélica-euclidea se construye al hilo de las necesidades y prejuicios del ciudadano griego de la época.
Quede el elogia de este libro en el desenmascaramiento que hace de las estrategias por las que el discurso que responde a los intereses de una sola parte de la colectividad se impone como discurso en el que se siente expresada toda la colectividad