
Según diversos medios de la metrópoli hispánica, Mariano Rajoy tiene previsto abandonar La Moncloa en breve. El precio a pagar por un pacto entre PSOE y Ciudadanos sería para el PP la mismísima cabeza del número uno. Puede que nada que no estuviera en el guión: la desaparición de los debates de Rajoy tenía el objetivo de poner en valor a Soraya como posible relevo. Desde que cainitas comunicadores del entorno conservador vaticinaran sin acierto que Rajoy sería el breve o el corto allá por 2012, Don Mariano ha imitado a Macbeth mirando su propia calavera. Aunque en el entre acto haya calaverizado la del país. Algunos medios recuerdan ahora dudas de su intimidad ero-política;de ellas parten para elaborar una tesiña de despropósitos que explican la incompresible deriva de España como país y como Estado. La progresía, la soft y la light, prefieren fijarse en el dinero que Rajoy invirtió o no invirtió. ¿Puede el ruedo ibérico explicarse sólo por unas u otras críticas? Lo incierto aunque probable es que, como Richard Nixon en la Norteamérica de la irrupción de una rebelión creciente, Rajoy sea el avatar de un orden ante la fuerza social y cultural que bajo él crece subterráneamente. La clave puede estar es saber si el poder puede canalizar esa fuerza hacia la participación en el propio sistema; de este modo la subversión sería controlable. La paradoja es que el propio sistema español necesita una revolución solo para recobrar su legitimidad. El partido que ha ganado las elecciones tiene a sus tres últimos tesoreros imputados, ministros encausados, y tramas de financiación al descubierto por todas partes en el país.
Hay una mayoría, que va dejando de serlo, que está satisfecha. Es la que ha votado al PP. Es este partido el que parece estar insatisfecho. El Psoe ha obtenido sus peores resultados. Su reto pasa por sobrevipermitir un gobierno a lo siglo XIX – es decir, con PP y Ciudadanos – puede avocarle a la fagotización; posibilitar un gobierno con los ultras que no lo son tanto – Podemos, ERC… – le permitiría cooptar votos de estos recuperando papel hegemónico «de izquierdas». Cualquiera de las opciones salva la cuestión primordial: el sistema democrático español, su engranaje económico, el equlibrio de poderes y en especial el judicial, se hallan en quiebra.
Si los diferentes medios digitales que lo aventuran están en lo cierto, Rajoy