
Las guirnaldas de los segundos caen del cosmos como átomos en estrías sin cuerpo. Ella, encogida, mira la madreselva oscurecida del horizonte. ¿Esperanza?, se pregunta. El viento azora en salmos y levanta al altar de la penumbra luces de gracia. Todo lo que es dado está en ese cosmos, ese ahora junto a ella. La pobreza y sus materiales germinados, el espíritu aleteando ese cosmos como un pájaro malherido. ¿Cuál es la hora sin hora?, ¿el ser sin ser? Es en este terrón instantáneo cuando ella advierte, al leer La mujer de pie de Chantal Maillard.
Ha llegado agosto y sus ríos nocturnos de rayos fugitivos. La lluvia amenaza desplomar el firmamento. El sufrimiento se revela, como enseñó Buda, para ser observado en sus causas y en su posible cesación.
Horas antes, al atardecer, los primeros petirrojos del año ululaban en las ramas mendigando. ¿No son ellos bodhisattvas en contacto con el nirvana del día? ¿Y ella? Dios espera que el hombre recupere su infancia a través de la sabiduría, escribió Tagore.
El espíritu del despertar es la auténtica naturaleza de cualquier cosa, ya se trate de un grillo, una encina o una persona, escribe Juan Arnau.
Ella tiene dificultades para permanecer sentada. El cuerpo impone sus crepusculares circunstancias. Observar la aparición de un pensamiento, cómo se forma y el modo en que ocupa la conciencia; cómo ese «yo» vuelve una y otra vez a apropiarse de esas experiencias.
Ella reconoce:
—Me ejercité en la egolatría. Lo llamaba interés por el saber.
Y un poco más adelante escribe:
—Todo juicio sobra.
Ha llegado a comprender a los petirrojos. Declina interpretar y valorar cuanto sucede mediante su yo y, en cambio, presta atención directa a lo que acontece. El acontecimiento tiene lugar entre el ser y el universo.
«Los libros no hieren, lo que hiere es la existencia».
Para ella escribir no ahuyenta el dolor; es un modo de observar su yo y darle su verdadera disposición verbal.
Chantal Maillard: observar el yo
Galaxia Gutenberg publicó La mujer de pie en 2015. En mayo de 2026 ha publicado Los hombres son hierba.
Entre ambos libros de Chantal Maillard parece trazarse un movimiento. En La mujer de pie, Maillard somete a observación la ficción de un yo continuo: frente al dolor y la discontinuidad de la experiencia, suspender la apropiación y el juicio permite atender a lo que acontece. En Los hombres son hierba, esa indagación del «sí mismo» adquiere una dimensión política: antes de gobernar a otros es preciso aprender a gobernarse y reconocerse en la continuidad de lo viviente.