La gran época del western pertenece a un pretérito ya lejano. Como el mío cuando leía ya suspendido, arrebatado, y con los sentidos cautivados las novelas de Zane Grey y Curwood. Confieso que entonces bajaba a la calle empistolado, con la canana al aire o debajo de una gabardina. Me gustaban hasta las peores películas del oeste, esas que llamaban de la serie B. Luego el género cayó en desuso, casi aniquilado por la balacera de la repetición formularia de su argumento. Hasta que Hollywood reviviera esa época con films como Bailando con lobos y Sin perdón. No obstante, el espacio continuaba cerrado para la literatura. Hasta que la editorial Hoja de lata nos sorprendió con una serie de novelas – Cartas de una pionera, Cartas de una cazadora, El rancho de la U alada – , donde los espacios abiertos intervenían las pasiones y conflictos de hombres y mujeres para pulsar con su llamada puntos más altos y culminantes de estas.
En busca de New Babylon podría figurar al lado de algunos divinizados films fordianos. Su prosa pasta en territorios fértiles. Su eficacia logra la máxima precisión posible. Los rasgos de sus personajes son de una potencia que aún siguen respirando su vida y su muerte una vez cerrado el libro. Las situaciones trazan la apariencia y disposición exterior afinadamente, con primor, rematadas con esmero y naturalidad. Los continuos saltos en el tiempo confluyen en un coherente armazón. Dominique Scali consigue que de las páginas brote un sentido de la autenticidad, una atención dramática al espacio natural que coincide, a mi juicio, con las grandes películas del western. La relación de amistad y odio, la visión histórico social de una época de EEUU que va desde los primeros pioneros, antes y después de que el rio Misisipi marcara el límite entre la civilización (el Este) y las tierras salvajes. El interés en construir personajes psicológicamente desequilibrados o torturados, espectacularmente expansivos y con exuberante vitalidad. Todo ello ejecutado con una eficaz materialización a lo largo del desarrollo narrativo que plasma el conflicto entre el individuo y una sociedad formándose: “en esta comarca, los hombres morían jóvenes, mientras que los cactus se volvían centenarios”.
Historias ceñidas con diálogos brillantes y caústicos que sujetan la dignidad y el amasijo de contradicciones de las que están hechos el reverendo Aarón: “yo soy predicador, la gente espera que le sermonee. Y cuando me suplican que comente el vacío de sus vidas, no digo nada”. El pirómano Charles Teasdale: “en Tombstone había una clase de gente, médicos, abogados, y adinerados hombres de negocios, según los cuales la especulación y la corrupción eran los únicos crímenes aceptables. Tombstone es el futuro, decían, mientras se palpaban el reloj de bolsillo”. La joven Pearl Guthrie, Bill el Ruso, la puta que leía libros y en un momento dice: “la verdad no tiene ninguna importancia, cuando todo lo que tenemos para divertirnos son las historias de los demás”. El torero Vicente Aguilar, figura en México, hasta que se convierte en caza recompensas, después de que el emperador Maximiliano I fuera asesinado y las corridas de toros prohibidas.
Sépanlo, leyendo En busca de New Babylon se desmorona esa creencia que induce al lector a considerarse en tierra conocida. Por ser los hitos y caminos del western sabios por todos.
