Conscientes de la desaparición de un tercio de las doscientas especies de abejas en Noruega, en su capital Oslo se abre una estrategia para permitir su supervivencia, y con ella la polinización del país. El ayuntamiento de Oslo eleva a la abejas el derecho de tránsito. Entre los edificios de oficinas cubiertos de vegetación y los cementerios arropados de plantas como margaritas. Dado que el campo está saturado de fertilizantes, la ciudad puede ser el reducto donde, por su ausencia, las abejas tengan la posibilidad de repoblarse y polinizar. Pese a que numerosos países europeos tienen el mismo problema, Oslo ha dado el primer paso. Es la voz de alarma y al mismo tiempo una oportunidad de solución. De la polinización depende, según un equipo de investigadores franco-alemán, la economía basada en 153 mil millones de euros. En realidad de la polinización depende el ciclo de produccción vegetal y frutal del que a su vez depende el hombre. Paarece haber llegado la hora en que las ciudades livres de toxicos.
