
Este hombre, que acaba de quedarse sin edad a los 95 años, les ha hablado alguna vez, aunque fuera de manera fugaz. Se llama Sonny, y tocó dos solos de saxo tenor que han escuchado —sí, ustedes— al menos un par de veces en la vida. Otros los han escuchado cientos. Son dos vuelos dentro de una canción que habla de la amistad y de su celebración: un amor diario a la vida. Esa pieza es “Waiting on a Friend”, de los Rolling Stones, y ese personaje cortazariano es Sonny Rollins.
Sonny Rollins falleció hace cuarenta y ocho horas. Escuchen cómo en esos dos solos cobra alas. La inmensidad fulgurante y crepuscular. Somos pájaros de la amistad.
A quienes melodiamos el meridiano de los cincuenta nos cabe haber visto, por ejemplo, al contrabajista Ron Carter en el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, un preñado 12 de julio de 2006. Carter tocó y grabó con Miles Davis, y pertenece a esa estirpe que apadrina el centro gravitatorio de la música.
Pero habríamos de recorrer en esa calle sin fin que es Saxophone Colossus, la palpitación viva del saxo de Rollins. Cada tema de este álbum de 1957 es un tugurio en el que refugiarse de los avatares de la existencia diurna. Electricidad sideral.
Sin salvar distancias, sino achicándolas, El Último de la Fila ofrece ahora un concierto en el BEC de Barakaldo. El tiempo anuncia voces que nunca serán hojas secas. Hay una primavera que surgió de aquellos lazos. “Waiting on a Friend” es ya un clásico de jazz existencial dentro del rock desnudado de los Stones. Alas al vuelo.