Si yo fuera creyente pediría la elevación de Pedro Lemebel a los altares, pero como no lo soy me conformo con adorarlo como a un ídolo pagano. En esta semana en la que han muerto dos íconos del rock (Robe Iniesta y Jorge Martínez), yo estaba inmersa en la lectura de Tengo miedo torero en la editorial Las afueras. Con anterioridad ya había leído su Poco hombre y para mí fue un hallazgo la voz de este escritor chileno muerto en 2015. Pero Tengo miedo torero me agarró desde la primera página y no me soltó hasta el final. No, esto no es verdad. Todavía no me ha soltado. Lo llevo dentro como un pequeño tesoro que no he terminado de degustar.

Escrito en 2001, la historia nos retrotrae a la primavera de 1986 en Santiago de Chile, cuando el Dictador Pinochet (Pinocho para los subversivos) campeaba a sus anchas sin saber que se preparaba un atentado del que escapó de milagro. Aunque el relato se vertebra a través de ese acontecimiento, no es esto lo que marca la obra sino una historia de amor tan maravillosa, excelsa y dadivosa, con una carga de sensualidad y carnalidad, pero sobre todo con una incondicionalidad que nos traspasa. La Loca del Frente se convierte desde su condición de paria, viviendo en los márgenes sociales, en un personaje vivo, sanador, que muestra todas sus costuras y heridas y por ello se convierte en un enorme ángel terrenal.
Hay, por supuesto, otros protagonistas como Carlos y Lucía Hiriart mujer del dictador, descrita en sus monólogos a veces hilarantes, con gran acierto y desdén.
El lenguaje es luminoso, oral y colorido, y yo quisiera entrar en estas páginas y abrazar a la Loca del Frente.
Tengo miedo torero. Pedro Lemebel. Editorial las afueras. 208 páginas. 17,95



