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Pepitas de Calabaza, editorial iconoclasta

Revista Hincapié 26 marzo, 2014     Comentarios cerrados    

Que Pepitas de Calabaza es un referente editorial está fuera de toda duda.  La elección de textos críticos- ensayo y narrativa-, la publicación de los autores referentes del pensamiento crítico, junto con un gusto en la edición nada desdeñable, hacen que cada libro publicado genere la reflexión que sus impulsores siempre han buscado. Reflexionar más allá de trincheras, dogmas o poses. Viajamos hasta Logroño, donde en el Café Bretón, centro literario de la ciudad, nos hemos citado con Julián Lacalle, uno de los impulsores de Pepitas. Hablamos de viva voz sobre la cultura crítica, la historia de la editorial, su presente.

Hincapié: Cómo surge Pepitas de Calabaza?

Julián Lacalle: Hace ya 14 años. Eran los últimos coletazos del movimiento de insumisión, y a algunas personas que participábamos o estábamos implicados en él nos apetecía difundir y crear debate en torno a diferentes aspectos que tenían muy poca cabida en ese momento; bien porque eran “muy literarios” o porque sus puntos de vista no se contemplaban ni tan siquiera. Tampoco teníamos claro que queríamos crear una editorial, más bien queríamos generar un debate en torno a ciertas ideas y literaturas marginadas. Empezamos muy ingenuamente, sin saber nada, éramos muy pequeños. Todo lo hemos ido aprendiendo sobre la marcha. Nuestra idea era publicar autores que nos interesaban, pero sobre todo impulsar debates que pensábamos que hacían falta.

Hincapié: No respondía entonces a una demanda social

Julián Lacalle: Para nada. Era más bien una inquietud nuestra. Pocas veces hemos pensado en el público en abstracto. Si en determinados amigos y enemigos. De hecho, seguimos sin pensar en el público. Eso nos lleva a veces a situaciones a veces un tanto curiosas. Pero ahora, con el tiempo, vemos si un texto puede tener cierto calado. Pero no pensamos en el “público” como “clientela”. Ahora, sabemos que tenemos muchos lectores y comprobamos que se van filtrando autores que antes de publicarlos nosotros no eran conocidos.

Hincapié: Tenemos la percepción de que con el tiempo Pepitas de Calabaza se ha convertido en una referencia. Me viene la comparación con lo que a principios de los 70 pudo ser Anagrama

Julián Lacalle: Salimos muy guapos en esa foto que haces. No queremos cargar con la losa de ser la referencia de nada. Respondemos únicamente de las discusiones que tenemos nosotros. Pensar que somos la editorial anarquista, o de los autónomos, no, porque eso nos haría ceder en muchos aspectos. Estamos únicamente dispuestos a ceder y avanzar conforme a lo que la discusión diaria nos aporta.
Quizá haya sido el vacío que existía lo que explique que nuestro catálogo haya tenido buena acogida. Poco después de empezar nosotros hubo un encuentro de editoriales aquí en Logroño en el que había unos veinte proyectos de los que quedan activos pocos: Traficantes de Sueños, Acuarela, Virus, y Muturreko. Quizá sea la constancia lo que hace pervivir un proyecto.

Julián Lacalle en nuestro encuentro en el Café Bretón

Hincapié: La aparición y existencia de editoriales como Melusina, Errata, Acuarela, Capitán Swing, ¿No significa que hay un cierto renacimiento de valores?

Julián Lacalle: Pues probablemente sí. Nosotros tenemos cada vez más proyectos. Aunque salen más editoriales, seguimos teniendo nuestra línea de trabajo. Seguro que hay una demanda, pero aún más seguro es que hay un gran trabajo por hacer. Otras editoriales más asentadas están prestando mucha atención a textos críticos que hace un tiempo a nadie interesaban. Y otras siguen en la brecha desde siempre: Anagrama, nunca pierde el ojo, siempre saca cosas interesantes o Pre-Textos cuya colección de filosofía es espectacular. Cosas interesantes salen siempre. Ahora vas a una librería y puedes salir con muy buenas lecturas.

Hincapié: Salirse de la cultura dominante, como es el caso de Pepitas de Calabaza, es de algún modo apostar por una subcultura. Antonio Orihuela dice que la contracultura es el espacio de tiempo que se da entre la emergencia de los nuevos valores y el momento en que la mercadotecnia los engulle. No sé si estás de acuerdo.

Julián Lacalle: No. Eso es asumir que la contracultura va a instalarse en la cultura dominante. Tengo amigos que están en el “combate cultural” que con 80 años no se han instalado en nada. Me parece una definición demasiado parcial.

Hincapié: Si alguien definiera Pepitas como contracultural, ¿aceptarías la definición?

Julián Lacalle: Con matices. La contracultura es también otra etiqueta. Desde luego que nosotros no estamos imbuidos en la cultura dominante: no nos interesa la política, el fútbol, las telenovelas (aunque a veces nos gustaría que no fuera así). Nos mantenemos al margen de la carretera, que siempre se camina más tranquilamente.

Hincapié: ¿Una cultura inconoclasta?

Julián Lacalle: Sí, podría ser.

Hincapié: En vuestros últimos títulos hay una revisión de dos fetiches de nuestra sociedad. El Estado y el trabajo, sobre las que penden la vida de las personas. Las derechas y las izquierdas concuerdan aquí. Unas para mantener o recuperar el Estado de bienestar – si alguna vez eso fue posible – y las otras para un liberalismo al uso; unas para reivindicar el pleno empleo o la dignidad del trabajo productivista y la otras para el mantenimiento del trabajo como generación de riqueza ajena.

Julián Lacalle: Si quieres ser honesto con la crítica, te acabas tropezando con estos dos pilares, y con otro que yo añadiría que sería la servidumbre voluntaria. La crítica del trabajo no es nueva, que nadie se piense que nació con el 68, eso es mentira. Esta nace cuando surge la misma idea del trabajo.
Creo que es una crítica esencial: qué demonios hacemos todos los días de nuestra vida para ganárnosla. La crítica al trabajo no es una crítica a la laboriosidad –no se me ocurre nada más laborioso que mantener nuestra editorial todos los días-; es plantear qué hacemos, como lo hacemos, por qué hacemos lo que hacemos. ¿Qué sentido tiene fabricar cosas cuyo único objetivo es venderlas para luego tirarlas? Habrá que empezar a pensar que hay que buscar, por supervivencia mental, ni tan siquiera material, otras alternativas. Estas reflexiones son para nosotros, no tratamos de crear un cauce para nadie; para empezar, todo lo que hacemos nos sirve primero a nosotros mismos.

Hincapié: ¿Cuánta gente conforma Pepitas de Calabaza?

Julián Lacalle: en el día a día estamos tres, con distintos grados de compromiso, pero alrededor hay muchísima gente. La fuerza de este proyecto es que hay un grupo que lo ha abrazado como propio y por eso aguantamos. La red de colaboradores está esparcida por todo el mundo. Desde los países árabes a América Latina, desde EE.UU. hasta China.

Hincapié: Hablando de EE.UU. es excelente la colección de ensayos de Kenneth Rexroth: Desconexión

Julián Lacalle: De Rexroth hay dos libros en camino, el primero será su libro sobre los clásicos, un libro maravilloso. Rexroth es uno de los grandes. Su vida, es un poco la historia de la contracultura norteamericana. Se habla mucho de los beats y siempre se pasa por alto la génesis de todo eso. Parece como si los beats hubieran venido en un platillo volante. No, en Rexroth es donde está precisamente esa bisagra que une los primeros momentos del movimiento obrero con la contracultura. Ayer recibimos, aunque sale el día 19 de marzo, «Boxcar Bertha», una autobiografía de una hermana de la carretera, con la que iniciamos una serie para conocer toda esta contracultura norteamericana tan desconocida: los hobos, los wobblies, que es tan fascinante…

Hincapié: Antes hablabas de la dificultad de la laboriosidad que conlleva una editorial como la vuestra. Cierta sectores reclaman que el Estado mantenga la cultura.

Julián Lacalle: Pues puedo decirte que ni estamos en contra ni a favor. Nuestra base es otra. Es posible que la subvención sea necesaria para que sobrevivan ciertos proyectos culturales, aunque no sea nuestro caso. También es falsa la subvención, dado que por otro lado hay que pagar un sin fin de impuestos. Creo que los proyectos han de ser autosuficientes. Si una editorial se resigna a la subvención va a ir haciendo las cosas que caben en la subvención, sin que subvención tenga la carga política que pudiera tener el pasado, seguramente habrá asesores que otorgan subvenciones mirando valores literarios y demás. Nuestra filosofía es llevar acabo cualquier proyecto que nos propongamos sí o sí. Unos proyectos serán más arduos que otros, pero poco a poco todos salen adelante.

Hincapié: Mucha gente se preguntará cómo se consigue financiar una editorial como Pepitas

Julián Lacalle: Vendiendo libros. Nosotros hemos trabajado mucho, en otras cosas incluso, para pagar esa traducción que nos apetecía y demás durante muchos años. Por suerte nuestros libros cada día circulan más. Tiramos en torno a 1.500 ejemplares de cada título, más o menos. Es importante buscar el equilibrio económico, sin salirnos del camino que hemos marcado. Y hemos tenido la suerte de que algunos libros que para nosotros eran fundamentales han tenido mucha difusión y han funcionado económicamente.

Hincapié: También es importante contar con una buena red de distribución

Julián Lacalle: Para que una editorial pueda salir adelante es fundamental contar con aliados. Es importante contar con un buenos distribuidores y conseguir que cada libro esté en las librerías en un tiempo prudencial. Es verdad que hemos contado con muchos aliados desde el principio y también –los menos- ha habido quien nos ha zancadilleado muy amablemente.

Hincapié: Algún título del que estéis especialmente orgullosos?

Julián Lacalle: De todos y cada uno. Manuel Jabois, por ejemplo, cuando lo publicamos era un auténtico desconocido. Esto no quiere decir que seamos nosotros quienes lo hayamos sacado adelante, el solito se basta y se sobra. Publicar a Mumford para mí ha sido un gustazo, había un libro suyo en Alianza, pero sus obras esenciales ahora están, por fin en castellano y disponibles. Es un autor esencial. Pero hay muchos, José Luis Cuerda, Iñaki Uriarte, Simón Elías… Todos. Luego si unos libros son bien recibidos, pues nos alegramos, pero todos tienen una historia y estamos muy orgullosos de cada uno de ellos.

Hincapié: ¿No echáis en falta canales mediáticos que difundan trabajos como el vuestro o el de otras editoriales y colectivos?

Julián Lacalle: Igual lo que no hay es una discusión real. No sé si es la época en la que estamos, o si es el ritmo general. Sí que hay gente que ayuda a difundir los libros (y es muy de agradecer), pero no hay una crítica más elaborada, creo que la crítica ha desaparecido, la crítica literaria y la discusión de ideas. Hay un planteamiento de si me gusta este libro, lo difundo, sino, mutis. En Francia hay revistas especializadas donde sí hay discusión; aquí yo creo que hay, más que nada, difusión porque te gusta o porque toca la fibra. También parece que hay un momento de cambio con la irrupción de revistas on line. En los medios no sale todo lo que hay y menos las culturas minoritarias. Esta hay que ir a buscarla en revistas más especializadas.

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Autor:  Revista Hincapié

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