
Tras hacerse público el programa de espionaje civil Prism, la Casa Blanca cambia de prisma. En un gesto que recuerda a Pilatos, Obama ofrece una reforma de la Patriot Act con el objeto de «respetar la vida privada» supuestamente de los americanos a los que, según otros decretos aprobados por el presidente yes we can, se puede fusilar en territorio ajeno y propio. El fiasco Prism, tras las revelaciones de Snowden, pone en evidencia la pleitesía ante la NSA de Apple, Google, AT&T y Amazon – propietario de The Washington Post -. Aún hay más. Estas grandes empresas de cloud computing, al revelarse la fuga de datos hacia las agencias de seguridad, han cavado en una profunda tumba la credibilidad ante sus propios clientes norteamericanos… y ajenos. Sobre todo, los grandes clientes interesados en mantener en silencio sus cotidianos secretos. Según un estudio de la Information Technology & innovation Foundation (Itif), las pérdidas pudieran oscilar entre 21,5 y 31.000 millones de dólares. Un 10% de usuarios profesionales habría rehusado sus servicios.
Mientras se abre la veda para empresas europeas, que ofrecerán semejante resistencia ante la NSA por imperativo legal, la NSA remueve sus alas. A fin de evitar depender de humanos que puedan filtrar, como Snowden, información sensible, el general Keith Alexander lidera una reforma que pretende suprimir 3.000 puestos dedicados a la interceptación de comunicaciones privadas. En su lugar, dicho seguimiento lo realizarían computadoras, incapaces de filtrar, al albur de su estado de ánimo, información compremetedora.
Obama modificará la sección 215 de la Patrict Act. Pretende otorgar a la Corte de Seguimiento de Inteligencia mayor control, así como el nombramiento de un oficial encargado del respeto de la vida privada. Cuando ante estos se presenten miles de documentos, verdaderos o falsos o verdaderamente falsos, alertando de un peligro semejante al 11-S, ¿serán esta Corte y este Oficial capaces de no sucumbir? Obama lo sabe. Barack, el gran hermano, recurre al axioma de Tocqueville: cambiarlo todo para que todo permanezca igual. Nada más estadounidense.
Pero, si en diferentes países se libran importantes luchas, en EEUU se libra una fundamental. La de jóvenes, como Manning, Snowden y otros miles anónimos, conscientes de la vital importancia de revelar y descubrir los planes de control orwelliano. Es una batalla que se libra en la misma línea de flotación del titánico poder. Hay una generación consciente de querer estar en el lado correcto de la Historia. Aplican la máxima de Walt Whitman: «Resiste mucho; obedece poco«. Muy a pesar de Obama.