
Pilar Adón (Madrid, 1971) reza por un mundo hacia atrás. Es una poeta que mide el tiempo sidéreo. Sus poemas reunidos en Las huidas. Poesía 1998-2024, publicado por La Bella Varsovia son telarañas de hojas caídas en la tierra siempre húmeda de la existencia: la muerte; el dolo, el dolor y el duelo; los tallos de la palabra y la copa de la oración. El pasado se convierte en lugar, el terruño rural que dio luz y forma a todo, un génesis panteísta. A partir de aquí, Pilar Adón hilvana su camino por su particular vía láctea (Me miro y me anulo/ Medusa mujer hongo/ /que sabe de las intenciones del héroe/ y se decapita a sí misma/ antes de que él aparezca/ en sus sandalias aladas/). Toda voz es única. Y este poemario ayuda a ver crecer la siembra de la poeta.
Primavera
Empezar. Tras cada. Empezar.
Los niños corren. Los años y el alborozo
(Rien n´est facile)
Entre minerales y raíces.
Una rama crece por dentro. Y florece.
La suavidad y el latido de una vida diminuta.
Hojas en el interior.
Diría que sonríe.
¿Y si no estuviera viva?
¿Y si esta tristeza (mía) fuera la tristeza?
Tiritando, sin poder andar.
¿Qué harían con todos mis propósitos?
Hija de Polonio
Llegada la sequedad, las plantas deben ser regadas,
Llegada la sed, los gemidos de una hembra (animal que
[alumbra gatos)
se confunden con el eco infinito de las campanas.
¿Es acaso mi alma más infeliz que el alma de los demás?
Pilar Adón ha publicado bastante – lo que para cualquier poeta equivale en nuestros días a decir mucho – y también traducido. Su reconocimiento editorial es incuestionable. Otra cosa es que, para el público sensible, sea una poeta de referencia. Libre de caenas clasificadoras, Adón no está encasillada en categoría lírica alguna. A los críticos les resulta brumosa y huidiza su poesía. Tan huidiza como abarcante. Es una celebración celeste a la vida interior de los instantes, las cosas y los cuerpos.
¿Y si no estuviera viva?
¿Y si cada soplo, cada limitado segmento de madera,
cada gruñido del pequeño ser que se alza
y me vigila con cara de extrañeza,
con el gesto fruncido del que no comprende
-mi impertinente actitud, mi desesperado empeño por
[seguir respirando-
fueran tan solo el obvio reflejo de la no existencia?
¿y si el pequeño ser lo supiera (mi no existencia)
pero yo no?

La poesía reunida en el poemario Las huidas. Poesía 1998-2024 publicada por La Bella Varsovia es un tesoro. Cada poema muestra en cada lectura solo una de sus formas. Tienen estos versos sus propias estaciones, como la poeta. Leyendo a Pilar Adón a una le asalta la presumible certeza de que la filosofía es un género poético. En estos poemas hay otros tantos y tantos pensadores también unidos a lo celeste, pero igualmente a la tierra, que en realidad los poemarios aquí reunidos son bitácoras de viaje. Un viaje que realizar una y otra vez.
La cesta en la piedra
No hay ascenso sin vueltas
ni ecos que amainen.
Las cosas que ensombrecen a las otras cosas
cubren como espeso chal
el brillo de lo precioso.
Lo que no es carne ni oxígeno, las piedras y los minerales
subsistirán. Lo demás, lo que necesita fugarse,
dormir, descansar,
tal vez salte en partículas.
Tal vez aúlle.
Las huidas. Poesía 1998-2024. Pilar Adón. La Bella Varsovia, 2015. 318 páginas.



