
El ínclito primer ministro galo, Mesieur Valls, tiene su primera pieza en la caza que se ha abierto en la Francia contra la franca expresión. El humorista Dieudonné fue acusado y detenido hace unos días por declarar en facebook: «Sepan que esta noche, en lo que a mi respecta, me siento Charlie Coulibaly«. Coulibaly es el nombre del asaltante al supermercado kosher. Ese nombre es, para la fiscalía parisina, apología del terrorismo. Miles de padres y madres que en la toda Francia la libre piensen llamar a sus hijos con tal nombre pueden acabar en la trena, siguiendo la lógica cartesiana.
Por contra, otras vedettes del intelectualismo de talonario gozan de una liberté que no da puntada sin hilo. Bernard Henry Levy, el chic, hablaba en un sarao organizado en Madrid por El País como un guignol salido de la embajada de EEUU en París: eran emocionantes las palabras del secretario de Estado John Kerry, que dijo en francés: «Je suis Charlie». «La última vez que eso había pasado fue con Roosevelt el 8 de noviembre de 1942, en Radio Londres», suspiraba. ¿Una nueva entente mundial por la civilización? ¿Un nuevo Malta? En tal caso Henry Levy cobrará bien.
El bizarro aliño que el ministro Valls hace del antisemitismo y la masacre en la oficina del Charlie Hebdo hace una ensalada muy curiosa: la cara oculta de la censura. Se permite una transgresión estipulada – reirse del islamismo -, pero se corta de raíz cualquier otra licencia. Será llevado Dieudonné a galeras?




Libro sobre la corrupción en el País Vasco, «LA CASTA VASCA».
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Lo que no se es por que en Internet no se hace una web o blog denunciando a periodistas y medios mentirosos, corruptos, vendidos, tendenciosos, etc., sería muy bueno para la democracia.