
La editorial Sua acaba de publicar en tomo de colección Las 50 maravillas naturales de Euskal Herria, trabajo de los fotógrafos Santiago Yaniz y Alberto Muro. Es además de un magnífico compendio de rutas a través de los parajes naturales, una alarma de un mundo que corre el riesgo de doblar la cerviz ante el desarrollismo sin fuero. Las espectaculares imágenes de Yaniz y Muro son el resultado de los decenios en que trabajaron para la revista de montaña y viajes Euskal Herria, recientemente desaparecida. Con Alberto Muro charlamos en la librería La Gusana de Getxo sobre este libro, la huída a la naturaleza, el monte y el zen.
HINCAPIÉ: ¿Cuánto tiempo te ha llevado recopilar el material del libro?
ALBERTO MURO: La Editorial Sua cumple en el presente año 25 años de vida. La idea de este libro nace de la inquietud de uno de sus fundadores, Javier Pascual, director de Ediciones Sua y de revistas como Euskal Herria, El Mundo de los Pirineos, Nora… De él es también la idea de juntar a un selecto grupo de viejas glorias: Txusma Perez de Azaceta, Mikel Tellagorri, Miguel Angulo, el propio Javi Pascual, Santi Yaniz y un servidor, para tratar de seleccionar los 50 parajes de Euskal Herria merecedores de aparecer en una publicación conmemorativa bajo el título de 50 Maravillas Naturales de Euskal Herria. Fue un placer reunirme con este grupo de amigos con el que comparto tantas pasiones, especialmente con
Miguel Angulo. Sus textos, sus rutas y fotografías (al igual que las de Peña Santiago) ayudaron a descubrir este sugerente país a una generación de montañeros, que por aquel entonces eramos apenas unos chavales llenos de sueños, ilusiones y muchas ganas de aventura..
Cada uno de los congregados expuso sus lugares predilectos y así llegamos a formar una lista de 100 lugares que merecían quedar seleccionados. Tras arduas y divertidas deliberaciones fuimos estrechando el cerco hasta dar forma a la lista definitiva. Ese mismo día Santi y yo nos repartimos el botín.
En mayo de 2013 nos pusimos manos a la obra. A pesar de que disponíamos un gran archivo fotográfico, decidimos volver a los lugares que nos habíamos asignado para obtener imágenes inéditas. Nos ha tocado patear mucho y aprovechar al máximo las ventajas de nuestro bagaje profesional. Así conseguimos controlar los lugares que queríamos fotografiar, la mejor perspectiva, la época del año más adecuada, las condiciones idóneas para la toma, la mejor hora del día…
Se nos pidió también unos textos sugerentes, atractivos, que transmitiesen y acompañasen a las imágenes con una prosa un pelín poética, a diferencia de los textos que suelen ir en las revistas, debido a las peculiaridades de este medio de expresión que suelen precisar más información. En esta obra sin embargo, se nos ha dado más libertad de acción para dejar algo de nosotros mismos, algo más intimo que supurase entre las páginas escritas.
HINCAPIÉ: De los lugares recogidos en el libro ¿Echas en falta alguno que no ha entrado?
ALBERTO MURO: Ahora no. Creo que llegamos a la lista perfecta. Había media docena de rincones que provocaron algunas dudas pero en general todos estábamos de acuerdo con la selección. Recuerdo que la Bahía de la Concha suscito cierta controversia. Es un paisaje espectacular, sin duda alguna. Digno de la mejor de las postales, pero muy alterado por la presencia de lo urbano.
HINCAPIÉ: Si te tuvieras que quedar con dos lugares…
ALBERTO MURO: Soy un enamorado de Itxina. Itxina está situado en un entorno majestuoso que ha merecido la declaración de Parque Natural. Me refiero al Parque Natural de Gorbeia, por supuesto. Y encima a este rincón privilegiado se le ha concedido una figura de protección aún mayor, la de Biotopo Protegido. Por algo será.
HINCAPIÉ: Es muy fácil perderse en Itxina, ¿te has perdido alguna vez?

ALBERTO MURO: No, por ahora(risas). En la mayor parte de las ocasiones me he acompañado por amigos que sabían moverse muy bien en este medio tan hostil. Me inicie en esta actividad que es más que una simple actividad deportiva, a los 15 años con un grupo de amigos de Bilbao. Pero maduré como montañero en un club de montaña: El Juventus. Allí aprendí a moverme con seguridad y fluidez a través de la naturaleza y allí mismo hice un pequeño grupo de amigos con los que sigo compartiendo mi pasión por la naturaleza.
El coche, los nuevos hábitos, la individualización de la sociedad… acabaron matando a los clubs de montaña.
Los clubs transmitían la experiencia de la gente mayor en el monte: la orientación, el saber detectar los riesgos a tiempo de corregir la ruta, la manera de moverse, la elección del material… Hoy vas a la nieve y te puedes encontrar a la gente sin gafas, en manga y pantalón corto, sin el material adecuado, sin mochila, ni agua, sin mapa… En un club esos defectos se detectaban y se aprendían a corregir.
HINCAPIÉ: Te has cruzado alguna vez con jabalíes?
ALBERTO MURO: En varias ocasiones. Pero los más peligrosos son los que van detrás del jabalí. Te pueden meter un tiro porque te encuentras entre su presa y ellos. De hecho, cuando hay caza hay que andar con muchísimo cuidado. Se está planteando, cuando haya batidas, impedir el paso de montañeros por algunas zonas determinadas. Eso ya ocurre hoy en día en forma de carteles o gestos y actitudes amenazantes. Quizás sea mejor reglarlo porque sino algún día podemos encontrarnos con una desgracia.
Sí que me he encontrado algunas veces, bien a la mañana o a la tarde, alrededor de la tienda, jabalíes, tejones. Me acuerdo que estaba en San Miguel de Aralar a la noche y me despertaron dos comadrejas correteando y jugueteando en actitud… digamos… primaveral. No hay ningún animal peligroso, ni el jabalí, ni las víbora te van a atacar por que sí. Te tienen más miedo ellos a ti, que tú a ellos. El jabalí puede reaccionar si te acercas a las crías, el ciervo si está en celo o un buitre te puede agredir en determinadas circunstancias. Pero nosotros somos mucho más peligrosos para ellos que ellos para nosotros.
HINCAPIÉ: El monte es en ocasiones de los cazadores.
ALBERTO MURO: Es que es complicado. Creo que debemos aprender a tomar perspectiva, a tratar de ponernos en el lugar del otro. ¿El monte es acaso nuestro? ¿Es un objeto de nuestra propiedad? A menudo, la gente de la ciudad quiere poner puertas al campo. Nosotros tenemos una afición y ellos, los cazadores, otra. Está claro que yo no voy pegando tiros por el monte, pero ellos argumentan que sólo tienen tres meses para cazar y que en esa época que no les molestemos. En general no me gusta la caza ni tampoco muchos de los que la practican, pero debemos aprender a convivir.
HINCAPIÉ: En su descargo los cazadores esgrimen que son los que más defienden a los animales.
ALBERTO MURO: Los propios cazadores suelen esgrimir la disculpa de que el mal comportamiento es de los malos cazadores. Nunca he visto a nadie que diga que es mal cazador, todos son buenos cazadores. Todos dicen que son buenos cazadores y que los malos son otros. Dicen que no cazan al lado de los caminos, ni cuando hay nieve, ni que disparan a
fauna que no reconocen. En el centro de recuperación de fauna silvestre de Gorliz, por ejemplo, la mayor parte de fauna que les llega herida es por acción de cazadores que disparan a todo lo que se mueve, los propios cazadores suele llamar a estos personajes “escopeteros”.
Personalmente, y de una manera realista no puedo sino estar de acuerdo con la caza. Con la caza controlada, reglamentada y como herramienta indispensable para mantener el equilibrio de las especies que subsisten en nuestro entorno natural. Nosotros por gracia o por desgracia nos hemos instituido en reguladores del medio ambiente. La mayor parte de los animales muestran hábitos nocturno porque no pueden vivir a la luz del día sin correr graves riesgos, se siente amenazados. El oso no es un animal nocturno per se, pero ahora vive de noche. La mayor parte de la fauna se mueve de noche. La mayor parte de la fauna que vive en nuestro país vive concentrada en determinadas zonas pero es que nos hemos comido su hábitat natural y sus zonas de paso. Les tenemos confinados en pequeñas islas de vegetación donde muchas especies van degenerando debido a la endogamia.
Otros animales han sabido adaptarse a las nuevas condiciones, pero son los menos. La proliferación de campos abandonados, las repoblaciones forestales que no se limpian… han hecho avanzar enormemente los terrenos plagados de zarzas y matorral, el jabalí ve aquí una magnifica oportunidad y sus poblaciones se han extendido.
Hoy en día, la naturaleza no es capaz de regularse por sí misma, hemos destrozado su equilibrio. Por ejemplo, hoy en día muchas especies se encuentran en grave peligro de extinción y otras en cambio, ante la falta de depredadores que frenen su crecimiento, se están expandiendo peligrosamente. Es en este punto donde la caza puede tener un papel útil. Cazadores profesionales, cazadores reglados con guardas que ayuden a mantener este equilibrio en la medida de lo posible.
El caso del oso y el del lobo son especialmente sangrantes. A la última osa que sobrevivía en los Pirineos la mataron unos cazadores en la región de Bearn, concretamente en el valle de Axpe. Finalmente se ha decidido reintroducir la especie con osos procedentes de Eslovenia. ¿Para qué introducimos 12 osos en los Pirineos? ¿Para dar una imagen de lirismo, de ecologismo, de pureza, demandada desde las urbes y los despachos institucionales?. Ya, pero qué hacemos con el pastor que tiene sus ovejas en el monte y tiene que aguantar los ataques constantes a su rebaño. ¿Acaso tienen que vivir día y noche pegados a sus ovejas? ¿Es suficiente con que se pagen los daños con cierta celeridad? Cuando yo esgrimía estos argumentos ante un pastor de Belagua, este me contestó. ¿Acaso a ti no te importa que entren a robar de vez en cuando en tu casa si el seguro te repone lo robado? Pues eso mismo sentimos los pastores cuando atacan a nuestro ganado.
Y el lobo… ¿Por qué no está considerado entre las especies protegidas? Si a algún ejemplar de esta especie se le ocurre asomar el hocico por el límite oriental de nuestro territorio se organiza una batida urgente y se le abate con increíble celeridad. ¿No es acaso una especie en peligro de extinción? Somos bastante cínicos en nuestro comportamiento con la Naturaleza. La protegemos siempre que no nos moleste, que no interfiera en nuestro “desarrollo”…
HINCAPIÉ: El libro, sus espléndidas imágenes de parajes, parece tratar de convencernos que vivimos en un país donde no nos estamos cargando precisamente los parajes naturales, dentro y fuera de los enclaves urbanos. Parece que con establecer un parque natural como Gorbeia, ya significa cumplir con una reserva de suelo.
ALBERTO MURO: Totalmente de acuerdo.
HINCAPIÉ: El libro no sé si es un catálogo de aquello que puede ser lo siguiente en caer.
ALBERTO MURO: Espero que no. Son espacios protegidos y desgraciadamente necesitamos de estas figuras legales para garantizar la pervivencia de estos pocos rincones que aún muestran un atisbo de belleza. Me gustaría puntualizar el uso del término natural. En Euskalherria no existen 50 maravillas naturales en estado salvaje, donde la naturaleza campe a sus
anchas. Estos espacios naturales que quedan reflejados en la obra son el fruto de la interacción entre la naturaleza y el hombre que durante milenios ha ido transformando el paisaje para adaptarlo a sus necesidades: deforestaciones, limpiezas de campos para el ganado, etc… El paisaje que hoy contemplamos no es ajeno a esa interacción. Eso si, manteniendo un equilibrio que a permitido que estos rincones hayan perdurado hasta nuestros días. Parajes naturales en estado salvaje, apenas quedan dos en nuestro entorno. Son lugares incómodos donde el hombre no ha podido, no ha querido o no le ha salido rentable instalarse. Itxina o Larra, pueden ser un buen ejemplo.
Gracias a Dios hay 50 o 100 maravillas en Euskalherria resultado de esa interacción, ese equilibrio, han llegado a nuestros días. Y cada día hay que protegerlas más. Porque son bienes escasos. Y si no las protegemos con la especulación que reina hoy en día, a buen segur irán desapareciendo y con ellas morirá una parte de nuestra historia, de nuestra cultura…
HINCAPIÉ: En un viaje que Hincapié hizo desde Palencia hasta Bilbao siguiendo la ruta del tren de La Robla nos llamó la atención cómo fuera de Bizkaia, donde sus montes sólo vive el pino insigne, en Burgos, Cantabria y la cornisa abundaban los autóctonos robles, pinos, sauces, etc.
ALBERTO MURO: Si en Bizkaia no se hubiera generado la riqueza que impulsó la deforestación, tendríamos un paisaje bellísimo pero todos nosotros seríamos mucho más pobres y no habríamos alcanzado las condiciones de vida de las que disfrutamos en la actualidad.

Pero no debemos contemplar siempre la botella medio vacia, en los últimos años muchos parajes han ido mejorando. Parajes cercanos a nuestros pueblos y ciudades, parajes deforestados a lo largo de nuestra historia: durante las guerras carlistas, para la construcción de buques, para la obtención de carbón… Lugares que están siendo recuperados, reforestados… Es el caso del entorno de Bilbao, de las montañas que rodean el bocho. Lucían absolutamente peladas y deforestadas a principios del siglo XX, y a mediados de siglo se repoblaron con monocultivos de pino insigne. Hoy en día y gracias a una política forestal adecuada, se está trabajando a nivel paisajístico, repoblando sus laderas con frondosas. Y la recompensa la tenemos hay cerca, al alcance de la mano; la podemos disfrutar cada primavera, cada otoño, cada día que nos calzamos las botas y salimos a pasear por el Pagasarri, por Artxanda… Bilbao acaba de ser reconocida como “Ciudad Forestal Europea 2014”.
Recientemente me decía un buen amigo que aplicando una visión menos cortoplacista, en 50 años podríamos transformar el paisaje de nuestra tierra para devolverle parte del esplendor que le hemos ido robando. Podríamos convertir nuestras montañas en auténticos vergeles y crear masa foresta económicamente rentable mediante técnicas de explotación sostenibles, y un paisaje atractivo; reconocido por todos aquellos que vendrían a contemplarlo. Este es el camino.
HINCAPIÉ: Cuando subes un monte y llegas a las cumbre piensas estas cosas?
ALBERTO MURO: Depende. Es diferente si vas solo, con tu pareja o con amigos. La subida es un momento de acompasar la respiración, el esfuerzo. Yo digo que la maravilla del deporte es redescubrir que poseemos un cuerpo, un cuerpo que funciona y que es capaz de hacer maravillas cuerpo. Un cuerpo del que a menudo nos olvidamos en nuestra cotidianidad. En el monte recuerdas que eres una máquina que funciona que necesita ser engrasada, que se alimenta a base de garbanzos, de alubias, de aire y de agua.
En la montaña hay momentos absolutamente mágicos. Por ejemplo, cuando la niebla la nieve se conjugan me siento dentro de una cámara de aislamiento sensorial. Una sensación, única, inigualable. Se la recomendaría a cualquiera.
Me gusta empezar las rutas en el valle he ir despegando poco a poco. El paisaje va cambiando a medida que asciendes y se dejan de oír los ruidos de las urbe. Las plantaciones forestales van dejando paso a los auténticos bosques llenos de magia, el agua de los arroyos corre libre y tumultuosa, y lo que va quedando abajo parece más lejano e irreal. El día a día se ha perdido entre la verdura de la foresta y el mundo real parece existir tan solo aquí arriba. Las cumbres tienen algo de satisfacción personal. Las sensaciones son de plenitud, de tranquilidad…
HINCAPIÉ: ¿Cada cumbre es diferente?
ALBERTO MURO: Si, cada cumbre, cada rincón es diferente a los demás y la misma cumbre y el mismo rincón son diferente cada vez que los visitas.
HINCAPIÉ: ¿Cuál ha sido la mayor altura que has alcanzado?
ALBERTO MURO: Posiblemente en el Himalaya, pero haciendo trecking, en torno a los 5.000 metros. Siento envidia cuando veo a Alex Chicón, Alberto Iñurrategi, a Tamayo,

a Lazkano… haciendo alturas inverosímiles, poniéndose al límite. Cuando veo, a los escaladores colgados a 500 metros de altura en paredes verticales, me entra envidia absoluta. Pero cada uno debe ser consciente de sus límites y jugar con las cartas que le han tocado. Mis retos son muy diferentes.
En los últimos años mi paraíso natural se ha relegado a Euskal Herria. Mi trabajo como fotógrafo y redactor me ha dejado contadas ocasiones para salir de las fronteras territoriales de nuestra tierra. De vez en cuando escapo a los Pirineos o a otras montañas para desahogarme, pero he de reconocer que está siendo un privilegio vivir descubriendo a los demás mi pasión por el paisaje por la naturaleza, por la cultura y las costumbres de este País en el que me ha tocado nacer.
HINCAPIÉ: ¿el último momento zen?
ALBERTO MURO: Mi problema es que trabajo en la montaña. Estoy haciendo fotografías,observando, tomando notas para poder describir mejor las rutas. Eso te quita parte del encanto. Cuando conviertes tu afición en tu trabajo o tu trabajo en afición, pierdes algo por el camino, pero ganas mucho más, porque a ver quién puede estar un martes a la mañana en la cumbre de no sé dónde, mientras los demás están en la oficina. Bien es verdad que este no es un trabajo fácil, si lo fuera, habría mucha más gente trabajando en ello y aquí estamos los mismos locos de siempre. Es un privilegio, sin duda alguna.
HINCAPIÉ: La naturaleza ¿Da sentido a la vida o te la quita?
ALBERTO MURO: No da sentido a la vida, es vida en si misma. Aquí me reconozco, me descubro como animal y puedo despojarme de mi envoltura para dejar corre libre mi gesto indómito y primario. Todo un placer, una sensación que engancha, una droga dura.