Se pueden tallar piedras como poemas compactos, duros, para romper la trampa que solemniza la fiesta-espectáculo de la palabra y sus sonoros pero míseros significantes.
Cuando los significados no conectan, ni bajan a la práctica de lo concreto, en su altura nominal la palabra y su hermano mayor el concepto, sirven al poder.
Ayudan a la tramoya para mantener una teatrocracia en el fondo de la caverna.
Si otras letras están ahí en silencio, deben, no obstante, ser protagonistas.
Y que el poeta sea un perro que corre las calles para levantar la caza. Oír voces o gritos para quedar fuera de sí, dentro de otro.
El problema con nosotras las rocas
no es que tengamos nuestros cielos
o algún episodio plutónico de vez en cuando
es que estamos a la merced del ambiente
no solo nos arrastran y desgastan
las aguas y los vientos
también
cuando nos hacemos pequeñas
cabemos en un puño cerrado
Mariam Reyes (Ourense)
Hoy he leído
Los últimos consejos del FMI.
Solo he pensado
que le cambiaría de siglas
le llamaría TPI
(Trama Preconcebida de la Iniquidad).
Solo he pensado
sus rapiñas, sus mañas, sus patrañas,
el pasto que produce sus siegas.
He pensado beber este pensamiento,
ponerlo pronto en ejecución
para que no sea una flor
colgada en el aire.
Que sea piedra grande
viva, en pie lanzada
para quebrar los huesos,
trastornar las cosas.
Hablo de mi tiempo,
emplearlo, ocuparlo
ingerir en los escritos
en los discursos.
Hasta cometer el delito
del modo de ser que modifica.
Txefe Martínez Aristín (Bizkaia)
