Por una gruta que una vez fue una imperceptible separación entre la caja de la persiana y la pared de su habitación se cuela ahora un reguero de agua que Sonia solventa con un balde y dos cazos recibiendo en el suelo las tres cataratas intermitentes pero constantes. Sonia vive en el séptimo A de la calle Aldanas. El número es el 19. Por las grietas del tejado y un tajo que parece de navaja en la cara norte de la fachada que da a su dormitorio, se cuela con una rabia contenida el agua en la casa de Sonia E. El edificio tiene 49 años. La gelidez de la habitación ayuda a congelar las gotas que caen pertinaces. En la casa de Sonia E. S. no hay calefacción desde hace meses. Es decir, el gas dejó de llegar a la destartalada caldera ubicada en la terraza.
Como un grillo afónico en navidad, un calefactor eléctrico casi de bolsillo calienta por turnos el aire de las habitaciones de Sonia y sus dos hijas. El resto de la casa ha formado una frontera continental, que salva el calor que desprende la cocina solo a las horas en las que el improvisado hornillo de butano alumbra con su rugido de dragón ansioso.
De la Sonia que estoy hablando, aún no saben nada. O no saben nada ustedes. Porque Sonia, sí. Ha leído bastante en su vida. Sabe y se niega a ser un personaje de Dickens en esta navidad de 2020. Sabe y sin que nadie lo sepa que su esfuerzo, que pudiera ser más bien un hálito para el común de los observantes,
Desde hace tiempo han entrado en su vida para salir después siempre inmaculadamente condescendientes, los expertos. No los expertos que todo lo estructuran. No los expertos en manipular ideas, presupuestos, discursos, imágenes. Los expertos que han entrado en la vida de Sonia y sus dos hijas Liebe y Andrea, son también esclavos que tiran con pesar de la cadena diaria. Esa es la cualificación que les enaltece y que legitima el rutilante informe social que certifica la separación de Sonia E.S. de sus hijas Liebe y Andrea.
Es un expediente rellenado con una impertinencia que al terminar de leerlo solo pienso que es criminal.
En su apartado 4 de conclusiones, dice el informe de los expertos de la Diputación Foral que es solo ella, y ella solo, Sonia E.S., la responsable de las condiciones de “insalubridad mantenida para con sus hijas menores”.
Andrea, de cinco años, y Liebe de siete, se balancean, crean ondas inverosímiles en el parque mientras su abuelo, ansioso, las vigila al igual que su tío en tantos días que Sonia trabaja y trabaja.
Es en las noches en las que Sonia coincide cuando las tres leen alguno de los cuentos que tiritan de frio en el salón sin calor alguno de la casa. Esas decenas de libros que Sonia ha recopilado. Los que la regalaron cuando tenía doce años. Los que adquirió después. Los que la regalan en alguna de las casas donde limpia.
No hay mal que aceche sumando otro. Sonia E.S. estaba prevenida. La pobreza agudiza el sentido de la adivinación. El acopio de fuerzas de Sonia es la de una osa ante una cacería de cien cazadores. Pero sus fuerzas han menguado desde que hace casi dos años y medio en su vida se cruzaron los expertos sociales con su munición de inquisitivas preguntas.
Los inquisidores presentaron dos informes tras un año y medio de intrusivas pesquisas. El primero se incorporó al expediente oficial; el segundo, confidencial, es toda una autopsia moral de un ser humano, acorralado y despedazado, sometido a la tortura más concienzuda. Por ese pestilente informe confidencial, los expertos superiores supieron que las conclusiones del primer informe eran tangiblemente obvias. Sonia E.S, madre soltera de 51 años de edad, añadía a su condición un proceder promiscuo en sus relaciones. Los expertos certificaban que sus hijas Andrea, de cinco años y Liebe, de siete, eran de padres diferentes. Los expertos añadían valor añadido en sus apuntes, convertidos estos inmediatamente en hilos concluyentes. La propia Sonia E.S. era hija de una madre soltera sin padre reconocido. Los párrafos tercero y cuarto aportan la atenta mirada que los expertos hicieron en el historial sanitario de Sonia E.S. destacando el tratamiento que hace años a causa de una infección derivada del consumo de drogas. Pero el diamante clínico para los expertos era más reciente. La cirrosis diagnosticada a la paciente con el número 00853927 confirma que todo lo anterior es un rio de cauce directo que desemboca en el delta de las sabias conclusiones de los expertos.
Los afluentes de ese rio han sido fáciles de adjuntar para los expertos sociales. Son decenas de incidentes registrados por la policía de altercados que atesora Sonia desde adolescente. Los hay de todo tipo y hasta hace bien poco. Pero no hay ni uno solo referido a violencia o abandono a sus hijas.
La inspección de los expertos recurre sin embargo a sinuosos recovecos. De un modo aún incomprensible se han hecho con las actas de la comunidad de Aldanas 19. Sonia lleva sin pagar la comunidad seis meses y dos años la derrama para la reforma de la fachada de doscientos euros al mes.
Por supuesto hay más. Siempre hay más. Los expertos tienen extractos de los movimientos de la única cuenta bancaria que tiene Sonia. Su nómina que se consigna en el informe confidencial como documento 32 anexo, refleja un ingreso mensual de 979,96 euros. El anexo 33 registra que justo cuando se inició la investigación a la ciudadana Sonia E.S. sus gastos doblan al mes la cifra de ingresos. No constan, enfatizan una y otra vez el coro de expertos, transferencias que legitimen un nivel de ingresos muy superior al declarado.
Lo que a continuación sigue en el anexo 33 es el cosido en zigzag de los parches más inconexos. Los expertos no han leído al padre de los jesuitas, Iñigo de Loyola, pero lo superan en el retorcimiento instrumental del razonar. Ese anexo 33 señala los expedientes y sanciones administrativas que Sonia E.S. tiene por portar en los últimos tres años más de cien gramos de sustancias psicotrópicas. El apéndice del anexo permite a los expertos citar la posibilidad de que, según el cuerpo de policía local al que han tenido acceso los expertos aunque sin citar agente ni número alguno, Sonia E.S. sostiene su mísera economía suministrando plusvalías del tráfico de psicotrópicos, que en realidad se trata de marihuana.
Por si el círculo cuadrado no se estuviera cerrando sobre Sonia, el apéndice segundo del anexo 33 es la lanza de más largo alcance. Basándose en la misma fuente policial sin número de placa ni cargo, se desliza que la posible actividad de negocio o tráfico de psicotrópicos ya catalogada de gran escala se puede realizar desde el propio domicilio de Sonia E.S donde vive con sus hijas.
El informe confidencial tiene la huella burocrática 198/2020. Está fechado el 28 de octubre de 2020. El uno de diciembre, martes a las 9.30 horas, hora en la que entran a trabajar todos los expertos del mundo y los jefes de los expertos, una pareja de policías y dos funcionarios embutidos en sendos trajes grises tocaron la puerta de Sonia E.S. para llevar a sus hijas a un centro “tutelado” por la diputación.
Todo salió como los expertos preveían aquella mañana. Sonia E.S. fue detenida por resistencia a la autoridad y una pareja de vecinos casi octogenarios del 7b sancionada con el resultante de su pensión mensual por insultos graves y reiterados, además de un escupitajo a los policías y otro a los funcionarios de la diputación.
Viendo este salón, por lo demás pequeño, adusto, dejándome caer en el pequeño sofá azul desgastado, solo puedo fijarme en la resplandeciente fotografía que hay bajo la única balda del mueble que sostiene los libros de cuentos. Andrea, de cinco años, y Liebe de siete se envuelven en una sonrisa que parece dar la vuelta al mundo y al tiempo porque creo oírlas, porque las oigo, aunque delante solo tenga el adusto rostro mucho más envejecido de Sonia E.S. que me regala una sonrisa condescendiente al verme reír.
El mal de Sonia E.S. se incubó doscientos años antes de que ella naciera. Fue una paradoja de conflictos que desembocó en una turbulencia que hoy nos arrastra. Unos pocos miles de parisinos como ella se levantaron contra la miseria y la servidumbre. Hicieron la revolución que en poco tiempo convirtió al estado en el padre tutelador, vigilante, y garante de los derechos de los de repente convertidos en ciudadanos, es decir, responsables de un contrato de obediencia con el estado de la fraternidad, igualdad y libertad.
Pero no se lo digo a Sonia, obviamente. Qué mierda, me respondería, me importa si la culpa la tiene Robespierre y sus herederos bastardos. Incluidos todos los resabidos progresistas que, de forma exultante, defienden el patriarcado estatal especialmente cuando el gobierno es de los suyos. Y eso explica por qué hay cada vez más estado. Y por qué hay muchas más Sonias E.S. aún suturando sus heridas sin dirigirse a Bastilla alguna.
Los expertos se disponen en esta noche última de año a cenar con sus hijos. También sus jefes. Su rúbrica posibilitó que esta mañana del 31 de diciembre yo esté sentada en el salón minúsculo y gélido frente a Sonia en lugar de Andrea y Liebe.
Y Andrea y Liebe me imagino que a esta hora, ya sin llorar pero con el rostro tiritando de tristeza contenida, estarán mirando por la ventana del centro “tutelado” para menores de edad que la diputación tiene a 36 kilómetros de donde Sonia E.S. y yo nos encontramos mirando esa fotografía en la que sonríen infinitamente.
Pienso otra vez en la revolución francesa. Pienso que el estado moderno que nació detrás de ella no lo hizo para combatir los males por lo que surgió la revolución, los males de todas las Sonias E.S. de la historia. No se lo digo a Sonia que ahora daría un brazo por leerles a Andrea y Liebe uno de los cuentos que parecen espectrales estatuas en la única balda del mueble del salón.
Dicen los expertos que las temperaturas descenderán a partir de las 14 horas de hoy 31 de diciembre de 2020. En la radio escucho que otros expertos han llegado a la compendiosa conclusión estadística de que este año han aumentado los crímenes contra las personas en nuestro país.