Alicia V. tiene 8 años y vive, desde hace 4 bajo un furgón de los antidisturbios que está permanente en una de las plazas de la ciudad Carcelonia. Alicia V. llegó a los bajos del furgón tras quedarse su familia sin casa: cada uno de los hijos probó suerte en los más recónditos lugares de la ciudad: su hermano, Arcadio, en la rama de una secouya frente al museo municipal; Francisco en el falso tejado de un columpio; y Pepita, la más pequeña, en un nenufar del estanque del parque. Los hermanos de Alicia no la visitan muy a menudo: encuentran su hojar inhóspito y molesto por los ruidos de los vecinos uniformados. En virtud de la normativa municipal, Alicia V. tiene la mitad de su casa llena de papeles que prueban la conducta ruidosa y antisocial de los corpulentos adultos que moran día y noche en el furgón. «según la norma 34 párrafo 45 de buena conducta vial y cívica, deben ser desterrados», explica Alicia en una carta enviada al concejal de urbanismo. Hincapié lleva ocho meses, treinta días y 20 horas trando de localizar al concejal de urbanismo que ha ido a vivir bajo una escavadora abandonada en una ciudad desconocida.
