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Viaje a un bosque de la mente

Valentine Badiu 9 noviembre, 2014     No Comment    

Cógete la mochila. Escápate. Una proposición sin igual: los bosques cobrizos en el otoño de tu mente. Puedo proponerte dos guías de un senderista como no hubo igual, Kenneth Rexroth. Abre los libros de tu silencio, y pasa las páginas de estas rutas libertarias: Actos sacramentales (Ediciones gadir), Desconexion (Pepitas de calabaza) y Cita con los clásicos (Pepitas ). Déjate llevar; llévate. Caminar es hallar en cada instante un lugar donde haber nacido.

Tú estás preguntándote:

Noche bajo cero

Son las tres de la mañana y reina la más absoluta calma;

La nieve cruje bajo mis esquíes, salta en las curvas

Formando plumas. Me detengo al borde de la garganta y

Contemplo el Gran Valle, las multitudes – en cama,

Borrachos, amándose, trabajando en acerías, en hornos

Solos, insomnes, mientras el mundo gira en el caos.

El cuarto de luna se eleva en el negro firmamento – sobre

Las marcadas constelaciones de las ciudades el

Frío permanece, cristalino y quedo, entre las montañas.

Te propongo el fucsia despertar en el que se sacrifican, algodonadas, las primeras nubes del alba. A otras leguas, te propongo: tú  fuera de tu lugar. Y en su lugar…. tú y un lugar.

Paz en la contemplación

Hay una minúscula y permanente llama en la contemplación

Ascensión de poblados. Rumor lechoso de riachuelos, pequeñas venas acuíferas. Soledad inaudita. Sólo los centenarios robles,  hayas o abetos dictan la primera palabra. Así que piensas: en California aún queda una secuoya de 3.000 años de vida. Es el ser vivo más longevo de todo el planeta.

Todo lo que acontece

en el mundo es cambiante

por naturaleza. Tomadlo con calma.

En algún lugar entre el poblado de Posadas y el monte San Lorenzo, La Rioja.

La cumbre difusa asoma su lomo negro. El bosque ronronea. Graznidos sueltos se estrellan contra las copas de las hayas. Mi pulso se acelera en la ascensión. Ascensión. Vagabundo, sin tierra. Hay fronteras por todas partes en este bosque: las que pone el hombre; las que cercenan de noche los animales; las que pone la ascética naturaleza. Cruzo buena parte de ellas a paso lento, cansado. Arroyos irrumpiendo con preguntas a bocajarro. No tengo respuestas, tan solo camino.

La cumbre difusa asoma su lomo negro…

Alto de la Cruz de la Demanda. Esta loma como una serpiente enrosca su frio helante. El cuerpo se estremece. Mente silenciosa. No pasa nada. Otoño regurgizante en la mente.

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Autor:  Valentine Badiu

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