Revista Hincapie
Inicio › En carrusel › Investigación › Víctor Jara: más de 50 años para encontrar al último condenado

Víctor Jara: más de 50 años para encontrar al último condenado

César Valdés 30 julio, 2026     Comentarios cerrados    

El 16 de septiembre de 1973, cuando Santiago recién se acostumbraba al tronar de los fusiles y los camiones militares, unos pobladores encontraron varios cadáveres en el terreno baldío situado entre la línea férrea y el Cementerio Metropolitano.

Los cuerpos habían sido arrojados allí durante la noche, unos sobre otros, entre la tierra seca y los desperdicios. Nadie sabía cuánto tiempo llevaban tendidos, expuestos al frío glacial de las noches de la primavera incipiente. Aquellos cuerpos parecían abandonados desde siempre.

Con un temor sereno apartaron de los rostros la sangre endurecida y el polvo hecho tierra. Alguien acertó a reconocer a uno de ellos. Aquel era el cuerpo de Víctor Jara Martínez, cantante, cuya voz había recorrido el país mucho antes de acabar allí.

En el rostro de aquel muerto estaba escrita una tenebrosa canción. Le habían disparado cuarenta y cuatro veces. Tenía las manos torturadas y, entre los cráteres de los disparos, la piel estaba ennegrecida por los golpes.

El viaje de Víctor Jara hasta ese basurero cerca del Cementerio de Santiago se inició en el Estadio Chile, un recinto que los militares convirtieron en una prisión y paredón de fusilamiento. Jara recordó haber cantado allí, el 12 de julio de 1969, durante el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, «Plegaria a un labrador».

Los militares que detuvieron el 12 de septiembre a Víctor Jara en la Universidad no lo reconocieron. Pero, al ser trasladado al Estadio Chile, fue identificado y separado de los demás presos.

Entre el 13 y el 15 de septiembre lo interrogaron sin dejar constancia. Sus interrogadores fueron los tenientes Juan Renán Jara Quintana y Hernán Carlos Chacón Soto, y el abogado Rolando Humberto Camilo Melo Silva. Los mandos que decidieron el destino de Jara eran los tenientes Raúl Aníbal Jofré González, Edwin Armando Roger Dimter Bianchi, Ernesto Luis Bethke Wulf, Nelson Haase Mazzei y Edgardo Haase Mazzei.

Tras dos días de brutales golpes, el 15 de septiembre, Víctor Jara y otros presos fueron separados de la fila y trasladados a los camarines del subterráneo, cada uno a un lugar distinto, bajo la custodia de hombres armados. El teniente Pedro Pablo Barrientos Núñez efectuó allí el primero de los 44 disparos que recibió Víctor Jara.

Los pobladores que limpiaban horas después el rostro de Víctor Jara hicieron correr la voz del hallazgo. Fue por eso que los cuerpos de aquellos hombres pudieron llegar al Instituto Médico Legal y sus familias recuperarlos y enterrarlos.

Durante un tiempo que parecía infinito, nadie pudo saber quién dio la orden ni quiénes dispararon. La respuesta tardó cincuenta años.

En agosto de 2023, la Corte Suprema chilena dictó sentencia contra los oficiales responsables de los secuestros y homicidios. Todos fueron detenidos, excepto uno. Nelson Haase Mazzei era en septiembre de 1973 teniente y estaba destinado en el Estadio Chile como parte de una unidad procedente del Regimiento Tejas Verdes.

Haase había sido un hombre de confianza de Manuel Contreras. Más tarde integró el estado mayor de la DINA, dirigió la brigada Ongolmo y participó en una sociedad utilizada como empresa de fachada para financiar secuestros y ejecuciones clandestinas.

El sábado 25 de julio de 2026, diversos periódicos y boletines radiales informaron de la detención de Nelson Haase Mazzei, de 80 años. Ese mismo día se ordenó su ingreso en prisión para cumplir la condena por los secuestros y homicidios de Víctor Jara y Littré Quiroga. Más de medio siglo después del crimen.

En carrusel Investigación

 Entrada anterior

Lemóniz: cuando el plomo desplazó al uranio

–25 julio, 2026

Autor:  César Valdés

Artículos relacionados

Pilar Hernández Urgoitia – 25 julio, 2026 | Comentarios cerrados

Lemóniz: cuando el plomo desplazó al uranio

Antes de aquella semana de enero de 1981, tres trabajadores habían muerto ya en la central nuclear de Lemoiz: Andrés

Aurora Arredondo – 20 julio, 2026 | Comentarios cerrados

Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel: bolero, deseo y dictadura

Iñigo Elortegi – 14 julio, 2026 | Comentarios cerrados

¿Universidad vasca sin universalidad?

Ziortza Perea – 1 julio, 2026 | Comentarios cerrados

La culpa acaba descomponiendo la furia

Iñigo Elortegi – 27 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Carta de Rodolfo Walsh aún abierta

Txefe Martinez Aristín – 24 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Paciente, impaciente.

Iñigo Elortegi – 19 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Los niños que siguen corriendo

Txefe Martinez Aristín – 17 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Millonarios de guerra

Búsqueda

Hemeroteca

Temática

La libertad se consigue página a página

Banner Hincapié

Banner ONG vasca

Qué es Hincapié

Conectados con el mundo

Colabora con nosotros
Aviso legal
Copyleft © 2016 — 2026 — Revista Hincapié. CC BY‑SA 3.0