El viento de abril nunca se ha cargado de esta pesadez luminiscente en Bilbao. La luz es de un limón plomizo. La atmósfera se licua con una densidad expulsada de una impresionante coreografía humana. Son un millón de personas entregándose. Han dejado sus trabajos los que trabajan. Han cerrado las persianas comerciantes que no las