¡Oh, sería maravilloso ver que pueden enfadarse! Era 1926 cuando Hemingway escribió “Fiesta”, las mesas de las terrazas parisinas de los bares ocupaban toda la acera; ¡bueno!, me digo con la novela en la mano, ¡esto no es nuevo!, y contengo mi impulso de dar una patada a las sillas y un fuerte empujón