
Entre el ardor más negro que tras mis pasos me sigue la pista, todos los días detengo la mirada ante el verde amapola que me rodea cada amanecer…
[…] ¿Cuán grande es el miedo y el terror que no es capaz de apagar la risa, el color o la pasión? Y sin embargo cómo es capaz de avivar el olvido … qué curioso … ese recurso del ser humano con o sin raciocinio … ser identificado en millones de letras; puede que en ignorantes solitarios rodeados de miseria enmascarada; puede que en inseguros traficantes invisibles que sonríen a escondidas con un ardor cegador…
En un norte azul como el rubor de tus mejillas, frío como el estremecimiento de un beso adolescente…
Cómo siento el aroma húmedo cuando escampa… es tan mío… cómo retumba en mis oídos ese brillo perenne de la vergüenza pegajosa que siempre se queda … es tan mía … pese al abrazo , antesala de refugio donde regresar cuando no soy capaz de encontrar el destino, cuando se cierra el andén de los sueños, cuando ni si quiera tú misma te quieres y huyes del azul ardiente, porque ya no crees en el verde anaranjado, ni en lo poético de los campos de trigo dorados o incluso ese olor a familia sin sentido que tanto amabas y la persigues desde la vigilia dentro de un frenético sueño… y soy incapaz de llegar a tocarla …
Subida en un pedestal, no consigo saber porque estoy aquí, me debí subir hace días a observar el mundo, a buscar el rumbo, o solamente quise huir de mi … Quizás quise sentir soledad o puede que resentimiento… desde arriba quiero coger impulso para seguir caminando …
No salirte de la senda no es tan fácil, pero hoy detenida en mi nube soñada he visto a mi pájaro negro de pico naranja, ese mismo pájaro que vino a saludar tantas y tantas mañanas … pero hoy ha sido diferente. Hoy me ha hablado y me ha susurrado “no bajes si no quieres, yo volaré por ti“ y con su dulce trino me ha confesado que soy buena persona… y así en un suspiro de luz he dejado atrás ese pequeño pedestal y mi nube ha empezado a besarme con su amorosa lluvia…
Qué bonito aroma desprende la nostalgia. Qué bien me hace sentir el verde amapola de aquel verano que vivirá en mi más allá de tu partida.



