
La historia novelada da orden y forma a una manera de exponer sucesos: actos solemnes y decesos trágicos que sirven de guía a la recua de esa que se carga en los costales del hato historiable. Acontecimientos que son el tejido orgánico de una memoria desde donde nace lo novelesco para incorporar una lectura más asequible y vendible. Los ejemplos de novela histórica son muchos. Algunos pueden ser: Los Episodios Nacionales, El general en su laberinto, Méjico insurgente, El cuarto de atrás, y Lectura insólita de “el Capital”, en los que Pérez Galdós, García Márquez, John Reed, Carmen Martín Gaite y Raúl Guerra Garrido especulan para encarnar procesos políticos, económicos y sociales que cobran vida como una extensión refleja de lo anímico.
A cielo abierto, de Pilar Salamanca, es una novela sobre la Nakba palestina y el drama de la partición de 1948. Cuenta la historia de Hayat, una joven superviviente de la matanza de Deir Yassin, aldea de los alrededores de Jerusalén, atacada por la organización terrorista israelí Irgún. “La masacre que no suena igual, ni mucho menos, que Holocausto o pogromo, porque los muertos, claro, son distintos”, piensa Hayat, ya mujer, cuando se van acumulando los asesinatos.
Jerusalén es esa pretendida capital de Israel. Sion, para el estado teológico que ha construido el sionismo, es un monte que se alza sobre la ciudad. Según la Biblia, la posición de dicho monte se prestaba a la defensa militar, por lo que costó mucho esfuerzo a David expulsar a los primeros moradores, los jebuseos. Mas como los sionistas israelíes Dios es un agente inmobiliario desahució a los jebuseos a sangre y fuego.
Hanna Arendt (1906-1975) responsabilizaba a los judíos de distinguirse por una diferencia de “naturaleza profunda”; por el mito de la superioridad de su religión. Y como tanta complejidad no se puede o no sé observarla desde un ojo panóptico (eso se lo dejo al triangular ojo divino de Yahvé), vuelvo a la novela histórica de Pilar salamanca para decir que si me ha atrapado es porque está contada a través del oído: jadeos, trepidar de metralletas, sollozos, gritos maldiciones. Con la vista: el temblor de las velas, el tiritar del cuerpo entero, las sombras alargadas hasta un miedo acorralado. A través del olfato, olores acres, fósforo, la acidez de los vómitos, la madera quemada, la tierra humedecida, e sudor a mujer como el de algunos animales asustados.

¿Cómo no empaparse en una historia que es una glándula que despide materias elaboradas por ella, que se queda en el organismo de quien la vive más allá de una mirada retrospectiva? Porque si queremos sólo datos históricos, objetivos y verificables, podemos recurrir a los que nos otorga el escritor argentino Rodolfo Walsh, quien a principios de 1947 viajó a Oriente Próximo para conocer de primera mano la cuestión palestina y redactó un conjunto de notas publicadas por el diario Noticias, artículos recogidos bajo el título genérico de La revolución palestina.
Cierro A cielo abierto y pienso que quizá una forma de felicidad sea que la Historia no pase por tu vida, que se olvide de ti, que te deje en paz, que las corrientes de su aire se estrellen contra las paredes de tu insignificancia, que no seas miembro de ningún destino, ni de ningún pueblo elegido.

Tal vez solo nos queda esperar que la última decisión de la Academia Sueca, el premio Nóbel de la paz se llame el premio Nóbel de criminales de guerra. En 2016 Obama ofreció al régimen israelí 38.000 millones de dólares en financiación militar, lo cual en aquella época supuso el mayor paquete de ese tipo de ayudas en la historia estadounidense. Según datos cogidos del periodista y escritor Mohamed el-Kurd en Víctimas perfectas (Capitan Swing, 2025).
A cielo abierto. Pilar Slamanca. El Desvelo ediciones, 2025. 185 páginas. 18 euros
Víctimas perfectas Mohamed el-Kurd. Capitan Swing, 2025. 295 páginas. 21 euros.



