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La gran simulación: élites y poder en España (1)

Txefe Martinez Aristín 15 mayo, 2026     Comentarios cerrados    

Siempre ha habido patriotas en el mundo multimillonario del país o así se proclamaban en todo tiempo, ostentosos ellos en el nexo entre riqueza y calificativo. Yo, más humilde, me conformaría con los locutores que braman a la selección nacional de fútbol.

Todo esto viene a cuento porque estoy leyendo Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939. Este libro, de Andrés Villena Oliver, que en sus páginas lleva el tránsito de personas y familias por los pasillos de la riqueza y la profusión de influencias, pone la vara de sus ganancias en descuello descifrable, y me hace detener en algunos pasajes como el de la agenda Rivara.

“En 1958 Georges Laurent Rivara, empleado de la Societé de la Banque Suisse, era detenido por las autoridades del estado. Llevaba un auténtico tesoro. No era el oro de Moscú sino una libreta que contaba con un registro de casi 900 clientes multimillonarios que habían depositado su dinero en el extranjero”. Alguno de sus nombres eran el primer Botín, Calvo Sotelo, Espinosa de los Monteros, Pujol, Samaranch, Ybarra Oriol… auténticos patriotas del capital autárquico del primer franquismo y del renovado y modernizado con el Plan de Estabilización de 1959.

Unos 50 años después, Hervé Falciani, empleado de la filial suiza del gigante HSBC, huyó de su país con más de 100.000 nombres en sus depósitos digitales. Muchos de estos aceptaban, de nuevo, a familias españolas, como al de Emilio Botín, el abuelo de la actual presidenta del Banco Santander. Repetidos y nuevos nombres que chapotean en el barrizal patrio como arte de pesca de sus preeminentes finanzas.

¿Así de simple, o es que, en las complejidades de inversiones, cambios, intercambios, tráfagos y compensaciones, lo que se quita por otra parte se pone? Me contesto que así de simple. En el lenguaje de la alta economía se emplean palabras, términos, anglicismos, para que el embrollo nos haga desistir de entenderla. No sé, me gusta recurrir a la fábula, así que de vez en cuando uno lee la Biblia (entre otras cosas para afianzarme en la simpatía hacia las nuevas sectas surgidas del libro revelado) o quizá no hace falta referirse a las fábulas del antiguo y nuevo testamento porque incluso el rector de la Universidad de Harvard afirmaba que las mismas cosas que mueven el mundo, mueven la economía. “Dadme un punto de apoyo y moveré el cielo y la tierra”, decía alguien que no recuerdo anterior a Marx.

Así de simple soy; por lo tanto, maniqueo para afirmar que tales acaudalados ricachos, algunos vulgares en su trato y almas patricias se me aparecen como el Ángel Exterminador, el rey de las langostas, responsable de provocar la destrucción. Comparación esta que gracias a la laicidad pudiera ser la trasferencia actual de las rentas del trabajo a las del Capital. Así, para que la locución sea completa habría que exclamar: ¡Abaddón Pujol, Abbadón Samaranch, Abbadon Botín…! Y otros generosos prebostes que apuntalan el edificio de una economía en la que los dos mayores fondos de inversión manejan más dinero que el Producto Interior Bruto de todas las naciones del Mundo salvo China y Estados Unidos.

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