
Antiguamente el Dios de la guerra era originario de Tracia, una comarca semisalvaje famosa por sus fieros guerreros que se zambullían gozosos en la furiosa refriega.
La discordia, el temor y el terror han existido siempre y engendrado una prole numerosa y violenta que llega hasta hoy. Las situaciones de falta de acuerdo. El miedo que se siente ante algo perjudicial o negativo. Cuando el miedo es intenso y se convierte en terror, perdura como instinto o como sensación no pensada o razonada. Es la historia del ascenso del hombre, cómo Caín cayó sobre Abel, cómo la bomba atómica sobre Nagasaki, cómo la gelatina ardiente cayó sobre los aldeanos, cómo los misiles cayeron sobre el imperio del mal, y todos los demás pasos en la ascensión del hombre hasta que llegamos a la conclusión de que no hay solución, que la guerra es una unidad tan natural como la garra en los animales vertebrados que somos.
Puede que así sea o puede que no, lo que es claro es que el elemento básico de la perseverancia en vivir nos lleva a matar; reacción esta aprovechada por los señores fabricantes de pertrechos bélicos.
Quizá encontremos alguna respuesta a esta aporía si leemos La teoría de la bolsa de la ficción de Úrsula K. Le Guin, porque “como quería ser humana también, busqué pruebas de que lo era; pero si eso significaba hacer un arma y usarla para matar, entonces evidentemente, yo era extremadamente imperfecta como ser humana, o no lo era en absoluto”.
Otro que nos puede reafirmar que la guerra se caracteriza por el lucro, el engaño y el abuso como fin es Smedley Butler, el militar más condecorado de la historia de Estados Unidos. El general Smedley opina que la guerra es una estafa: “durante la Primera Guerra Mundial al menos 21.000 nuevos millonarios y milmillonarios surgieron en Estados Unidos. Esos declararon sus enormes ganancias de sangre en sus declaraciones de impuestos. Cuántos otros millonarios de guerra falsificaron sus declaraciones es algo que se desconoce”.
Hay numerosos informes de la ápoca en los que cualquier material y objeto (calzado, botas, sillas de montar para la caballería, mosquiteras, camisetas, mochilas y los utensilios con los que se llenaban) convirtieron la sangre en oro por las multiplicaciones de sus precios y el exceso en su producción.
Sigamos echando la vista atrás: “Wilson fue reelegido presidente en 1916 con un programa que incluía “mantengámonos fuera de la guerra” y a pesar de ello, cinco meses después solicitó al Congreso declarar la guerra a Alemania”. ¿Qué pasó?, pues que la guerra para los aliados estaba perdida, y estos debían a los banqueros estadounidenses y a los fabricantes de armas y municiones cinco o seis mil millones de dólares. “Si perdemos nosotros, Inglaterra, Francia e Italia, no podremos devolverles ese dinero…, y Alemania no lo hará. ¡Así que …!”
El modo de acabar con la guerra, según el general Smedley, es que, en vez de reclutar a los jóvenes de la nación, hay que reclutara a todos los que obtienen beneficios de guerra, a los señores fabricantes de pertrechos bélicos, fabricantes de muerte. ¿Ingenuo? Quizá los grandes dilemas requieren clarificaciones simples, o como dicen los taoístas, el gran enigma solo es grande por ser pequeño.
“Achatarren cada barco, cada cañón, cada rifle, cada tanque, cada avión de guerra”; cada misil, contra los drones y la IA en aplicaciones militares, decimos ahora.
El general Smedley Butler (1881-1940) fue el militar norteamericano más activo en la política expansionista de EEUU; pero murió antes de la intervención de EEUU en la segunda guerra mundial. Si queremos conocer el engaño de la intervención estadounidense en el conflicto mundial como acto generoso para salvar la libertad y las democracias, acudimos a otro libro imprescindible, El mito de la guerra buena de Jacques R. Pauwels.
Con todo, debemos seguir prestando batalla a los guerreros, denunciando y escribiendo sus mentiras.
La teoría de la bolsa de la ficción. Úrsula K. Le Guin. Traducción de Luciana Chieregati. Rara Avis editorial, 2026. 47 páginas. 10,50 euros.
La guerra es una estafa. Smedley Butler. El desvelo, 2025. Traducción de Javier Fernández Rubio. 65 páginas. 12,50 euros.
El mito de la guerra buena. Jacques R. Pauwels. Traducción de Diego San Román y José Sastre. Pepitas de calabaza, 2026. 384 páginas. 29,90 euros.